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Viajar sin dejar huella de carbono

La activista Greta Thunberg decidió atravesar el Atlántico en catamarán para acudir a la cumbre del clima de Madrid. Aprovechamos su llamada de atención sobre la contaminación generada por los aviones, para contrastar datos y analizar alternativas para viajar de manera más sostenible.

El debate sobre el impacto de nuestros desplazamientos está candente. Reducir la huella de carbono implica optar por otros medios de transporte o reducir los viajes, por ejemplo. Crédito: Wikimedia Commons.

 

FRANCESCO RODELLA | Tungsteno

Greta Thunberg ya está surcando el Atlántico. La joven activista ambientalista zarpó rumbo a Europa el pasado 13 de noviembre desde la costa de Virginia (EEUU), a bordo de un catamarán. Objetivo: llegar a tiempo a Madrid para asistir a la nueva conferencia de la ONU sobre el cambio Climático, (del 2 al 13 de diciembre). Con esta decisión contracorriente, Thunberg quiere denunciar que los aviones contaminan demasiado, y que hay que reducir ese impacto. Cada vez más personas se lo plantean. ¿Cuánto daña el medio ambiente tomar un vuelo? ¿Qué posibilidades tenemos para recorrer una misma distancia dejando una huella de carbono menor?

La propia Thunberg admite que el suyo es un planteamiento límite, y deja claro el trasfondo que hay detrás de su elección. “Decidí viajar por mar para poner en evidencia que en nuestra sociedad no se puede vivir de manera sostenible”, dijo al diario The New York Times antes de partir desde EEUU hacia España junto a su padre Svante y a los dos youtubers australianos que les ofrecieron su propio catamarán para emprender la travesía.

Esta gesta sirve para poner en contexto la huella de carbono que dejan respecto a hacer el mismo trayecto en otro medio de transporte. Tanto el periódico neoyorkino como la BBC señalan que esta embarcación utiliza en su gran mayoría energía limpia (como solar y eólica) y su huella, dado que se mueven principalmente gracias a las velas, es mínima comparado con un avión o con un crucero transatlántico. Esta última es una opción aún más contaminante que un vuelo, según los datos de la ONG suiza Myclimate, que ofrece una herramienta para hacer este cálculo.

Algunas compañías están ya limitando la frecuencia de vuelos en algunas rutas para disminuir el impacto en el medio ambiente. Crédito: Wikimedia Commons.

Datos que hablan claro

Más allá de este caso en concreto, las estadísticas dejan claro que los aviones contaminan mucho más que otros medios de transporte. Por cada kilómetro recorrido volando, un pasajero genera 285 gramos de CO2, mientras que en coche son 104, en autobús 68 y en tren 14, según la Agencia Europea de Medio Ambiente. La Organización Internacional de Aviación Civil agrega que el sector es responsable cada año del 2% de las emisiones de CO2  respecto al total de gases de efecto invernadero en el mundo, cuando el transporte en general es responsable de un 14% de esas emisiones, según el panel de expertos de la ONU.

Y sin embargo, los aviones parecen despegar como nunca: solo en aeropuertos españoles, en 2018 salieron o transitaron más de 263 millones de pasajeros, la cifra más alta desde que hay registros. En algunos países se ha empezado a plantearse la necesidad de limitar el impacto ambiental de tales números, a partir de vuelos de corta distancia. Por ejemplo, la compañía holandesa KLM ya decidió reducir de cinco a cuatro las conexiones diarias entre Ámsterdam y Bruselas desde finales de marzo de 2020, al sustituir una de ellas con viajes en tren rápido. “Invitamos a todos los viajeros a tomar decisiones responsables a la hora de volar”, afirmó en una carta abierta Pieter Elbers, presidente y CEO de la aerolínea.

También en España este tema empieza a encontrar un hueco en el debate público. Tomemos como ejemplo la ruta Madrid-Barcelona, que con más de 2.468.000 pasajeros anuales fue en 2018 la número uno para ambos aeropuertos, los con más tráfico en España: un vuelo de ida y vuelta entre las dos ciudades (que están a unos 600 kilómetros de distancia) puede generar una huella de carbono de aproximadamente 230 kilogramos por pasajero, mientras que en tren sería de unos 35 kilos, según los datos de Ecopassenger. No obstante, al no existir un único estándar, las cifras pueden variar en función de las herramientas o de la metodología utilizadas para hacer el cálculo.

La preocupación por la huella de carbono que deja el transporte lleva a las empresas a compensar con iniciativas como la reforestación de bosques. Crédito: Taking Roots.

¿Qué hacer cuando las alternativas ecológicas son las más caras?

Sin embargo, en la práctica esta alternativa más ecológica del tren queda limitada muchas veces por el tiempo disponible o por el precio. A la espera de que los responsables políticos y el sector de los transportes tomen medidas para garantizar opciones igual de competitivas y más ecológicas que los aviones —y que no superen en precio a los vuelos—, tenemos otra posibilidad: contemplar, en nuestras elecciones para viajar, qué compromisos medioambientales asumen las compañías.

Por ejemplo, IAG, el grupo al que pertenecen British Airways, Iberia, Aer Lingus y LEVEL anunció recientemente que tiene el objetivo de alcanzar emisiones netas cero de CO2 en 2050 con medidas como el uso de carburantes más sostenibles, la compensación de parte de las emisiones producidas por los vuelos con inversiones en “proyectos verificados” de reducción de carbono y la sustitución de aviones antiguos. AirFrance, por su parte, se comprometió a compensar el 100% de las emisiones de CO2 producidas por sus vuelos en Francia a partir de 2020.

Y si la preocupación por los efectos del cambio climático no nos deja tranquilos, también podemos buscar otras formas de compensar al menos en parte la huella de carbono que dejamos en nuestros viajes, por ejemplo a través de proyectos ofrecidos por agencias turísticas u ONGs

El debate sobre la necesidad de reducir las emisiones está abierto también dentro de la propia ONU. Más de 1.000 empleados de la organización internacional le pidieron en una carta que revisara su propia huella de carbono, incluidas limitaciones de vuelos en clase de negocios y viajes regalo. Dos días después, la secretaría de las Naciones Unidas anunció un plan para reducir sus emisiones de un 45% antes de 2030. La cumbre del clima de diciembre, generará unas 65.000 toneladas de CO2, que serán compensadas por el Gobierno de España.

 

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