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INNOVACIÓN

Tecnología frente a libertad, la eterna paradoja

Países como Singapur, Corea del Sur o China están implementando soluciones que hacen uso de la información personal para combatir el COVID-19

Las nuevas tecnologías están revolucionando la forma en que nos relacionamos, viajamos, comunicamos, e incluso sentimos. Vivimos en una sociedad a merced de la tecnología donde la delgada línea que separa el progreso de la libertad es cada vez más difusa, más aún en los tiempos que corren.

El azote del COVID-19 está planteando un nuevo escenario social en el que la seguridad y la privacidad de nuestros datos están en juego. Si bien la tecnología es un instrumento necesario para combatir, frenar y erradicar el virus, también puede convertirse en un arma de doble filo. Todo depende del uso y la forma en la que se utilicen estos avances técnicos.

En la novela ‘1984’, la gran distopía totalitaria imaginada por George Orwell, el autor británico ya advertía de que el progreso tecnológico se permite solo cuando sus productos pueden aplicarse de algún modo a disminuir la libertad humana”.

Países como Singapur, Corea del Sur o China han puesto el foco en desarrollar distintas soluciones, que hacen uso de la información personal de la población, para hacer frente a la pandemia.

El coloso chino, con su avanzada tecnología y la omnipresencia de cámaras en sus calles, parques y bares se sitúa a la vanguardia de la vigilancia y el control ciudadano. Sistemas como el semáforo, del que hablamos previamente en este blog, es una declaración de salud. La aplicación, incluida en los dispositivos móviles, obliga a todos los ciudadanos a enseñar el código, dejarse tomar la temperatura y realizar los análisis pertinentes si lo demandan las autoridades. No obstante, este método de control, que utiliza datos personales de la población, ha generado algunas dudas respecto a su funcionamiento y privacidad entre la comunidad internacional.

En lugares donde las libertades individuales pesan mucho, como España, se han llevado a cabo estudios de movilidad para analizar el flujo de movimiento de los españoles. Todo ello, a través de los datos de los operadores móviles procedentes de los terminales de los ciudadanos. Big Data al servicio de las administraciones públicas.

Recientemente, el Supervisor Europeo de Protección de Datos, Wojciech Wiewiorowski, afirmaba que la principal ley de privacidad de la UE, el Reglamento General de Protección de Datos, permite el procesamiento de información privada sensible siempre y cuando sea en beneficio de la salud pública. Pero ¿hasta que punto estamos dispuestos a dejar que controlen nuestros datos?

Los expertos coinciden en que el desarrollo e implementación de soluciones tecnológicas que se nutren de grandes cantidades de información es una garantía para poder enfrentarnos con las mejores herramientas al virus. Sin embargo, gestionar grandes volúmenes de datos requiere de grandes responsabilidades.

Es evidente que existe cierta preocupación por la proliferación de sistemas de vigilancia que van más allá de los límites de nuestra intimidad. Muchas de estas medidas amenazan nuestra libertad y privacidad. Si bien los gobiernos están exigiendo nuevos poderes de control extraordinarios sobre la ciudadanía para tratar de contener el virus, estos poderes deben expirar una vez que la crisis haya terminado. Del mismo modo, estas medidas deben limitarse a su propósito, a lo que realmente necesitan.

No cabe duda de que el avance del COVID-19 está provocando un cambio de paradigma en nuestra sociedad. Una paradoja ronda en nuestras cabezas estas semanas. Cuanto más avanza la tecnología más control ejercen sobre nosotros. Seguridad frente a libertad. El debate está servido.

 

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