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Robots más humanos y sociales, el gran reto de la inteligencia artificial

Más allá de las mejoras en el desarrollo de la inteligencia artificial, el perfeccionamiento de su aspecto humanoide o de las habilidades de movimiento, la robótica tiene hoy día el reto de conseguir robots capaces de ganarse la confianza de las personas.

La robótica se enfrenta a la necesidad de crear sistemas artificiales que sean capaces de empatizar con las personas, clave para una futura convivencia con las máquinas. Crédito: Alex Knight.

 

FRANCESCO RODELLA | Tungsteno

Nuestra confianza en los robots aumenta si de vez en cuando cometen fallos o, incluso, tratan de engañarnos, según un reciente estudio. Precisamente, uno de los obstáculos tradicionales que han encontrado estas máquinas en su implantación ha sido su capacidad de relacionarse con las personas. En un contexto donde su presencia se multiplica, necesitamos aprender a convivir con ellas y, por tanto, encontrar soluciones sorprendentes a un gran problema: ¿Cómo hacer que empaticen con nosotros?

En la web es fácil encontrar artículos y vídeos descriptivos de NAO, un robotito de la altura de un niño que se ríe y puede contar cuentos o tirarse a una piscina de bolitas. Desarrollado en la década del 2000 por la compañía francesa Aldebaran Robotics, suele destinarse al apoyo de tareas educativas y de salud. También lo utilizan investigadores de distintas áreas del conocimiento para explorar la esfera de las interacciones entre máquinas y seres humanos: eso nos deja intuir que crear sistemas artificiales capaces de relacionarse con nosotros no es solo cosa de ingenieros.

De hecho, la robótica se enfrenta a un nuevo reto, tanto o más complicado que los espectaculares avances que se han alcanzado en las últimas décadas en inteligencia artificial, habilidades de movimiento o incluso en el aspecto humanoide. Miguel A. Salichs, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid especializado en robótica social, el área que estudia y desarrolla robots para servicios como en el caso de NAO, explica que la idea es crear máquinas que puedan interaccionar con cualquier persona . El robot, agrega, tiene que ser capaz de hacerlo de forma natural, y para nosotros lo que es natural es interaccionar como lo hacemos entre humanos. “Para desarrollar robots sociales, hace falta involucrar en las pruebas con usuarios y en la siguiente valoración de los resultados a psicólogos, psiquiatras, terapeutas, geriatras, cuidadores”, según explica.

Estudios con robots como NAO, en la imagen, muestran que la expresión de emociones o el reconocimiento de errores mejora la interacción con las personas. Crédito: HRI Group.

Dos visiones enfrentadas

En este sentido, más allá de su eficiencia, nuestra confianza en los autómatas depende de que sepan relacionarse con nosotros, de sus habilidades sociales. Sin embargo, cuando interactuamos con los robots, nuestras actitudes varían en función de las expectativas que tenemos, como señala Joffrey Becker, antropólogo del Collège de France: algunas personas pueden sentirse muy decepcionadas por su falta de autonomía. Otras, en cambio, no quieren interactuar con ellos en absoluto. Pero en general, agrega, los robots despiertan curiosidad.

Así, en nuestra interacción con los robots, hemos desarrollado tradicionalmente dos visiones: o son una ayuda, o representan una amenaza. Si la oportunidad de tener un asistente electrónico que nos facilite la vida al encargarse de tareas aburridas, desagradables o agotadoras es uno de los aspectos que más nos atrae hacia ellas, “el miedo a que algún día los robots sean mejores que nosotros, nos superen y luego nos reemplacen en nuestros trabajos o tal vez incluso se conviertan en la población dominante en la tierra, es un elemento que puede generar escepticismo o repulsión”, afirma Aike Horstmann, especialista en Psicología Social de la universidad alemana de Duisburg-Essen.

Otra dificultad añadida son las expectativas. Muchos esperan que los robots sean más avanzados… y sus limitaciones les genera rechazo, pero al mismo tiempo, “sus temores que probablemente estaban altamente condicionados por escenarios de ciencia ficción como en Terminator o Yo, Robot, parecen disiparse”, concluye Horstmann. Esas limitaciones tecnológicas hacen que tareas aparentemente muy sencillas, como manipular un objeto, sean todavía para los robots retos de una complejidad enorme, apunta Salichs. “Tenemos la idea de que lo que es fácil de hacer para los seres humanos lo es también para una máquina”, afirma. Sin embargo, en su opinión, la robótica en general está en los orígenes, tiene todavía muchísimos problemas que solucionar.

Más allá de su apariencia o habilidades, el reto está crear robots que no tengan un comportamiento estándar sino que sean capaces de adaptarse a cada persona. Crédito: Wikimedia Commons.

Una cuestión de confianza... y de adaptación

Hacer robots más humanos, capaces de comprendernos y dialogar, es uno de esos obstáculos más evidente. Aún estamos lejos del escenario que se dibujaba en la película Her, dominado por las conversaciones entre Theodore y su asistente de voz, Samantha. Pero poner en contacto directo a las personas con la dimensión real de los robots actuales es clave para generar más confianza por parte de los usuarios, según Horstmann. Después de interactuar con NAO, según observa la investigadora, por lo general la gente se muestra bastante entusiasta.

Becker pone en evidencia otra perspectiva: “Yo no creo que no nos fiemos de las máquinas”, afirma, “prefiero pensar más bien que, a veces, no confiamos de manera ciega en quienes las crean, lo que es una buena reacción”. En su opinión, uno de los problemas que se presentan a la hora de interactuar con las máquinas es evaluar sus objetivos. Por ello, señala que cuando se experimenta un contacto con ellas es importante preguntarse: ¿Para qué se crearon? ¿Cómo las podemos usar?. Y probar su uso en consecuencia.

También hay que tener en cuenta, de acuerdo con Horstmann, que “el tamaño y la apariencia general de los robots, junto a cómo se comportan y qué les dicen a las personas, marcan una gran diferencia en la percepción que podemos tener al interactuar con ellos”. De ahí que la forma de crear robots sociales útiles para todos, como asegura Salichs, será lograr que, lejos de un comportamiento estándar, consigan adaptarse al usuario particular, a sus gustos y necesidades.

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Tungsteno es un laboratorio periodístico que explora la esencia de la innovación. Ideado por Materia Publicaciones Científicas para el blog de Sacyr.

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