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La Torre Eiffel cambia de piel

La nueva capa de pintura podría devolver la Torre Eiffel a su color original. Crédito: Joe deSousa

Francesco Rodella | Tungsteno

El monumento de pago más visitado del mundo se prepara para la campaña de pintura más compleja de su historia, un delicado ritual que se ha realizado ya 19 veces desde que Gustave Eiffel entregó la obra en 1889. Ya lo advirtió el propio ingeniero: “Debemos insistir en la importancia de la pintura en la conservación de una obra metálica y en que cuanto más meticuloso sea este trabajo, mayor será su vida útil". Desde entonces, la Torre Eiffel ha recibido esos cuidados especiales para su piel, con una mano de pintura completa cada siete años de media.

Ahora que en 2019 se cumplen 130 años de su inauguración, París prepara una ulterior renovación de su aspecto, aunque esta vez con varias dificultades añadidas:las capas de pintura anteriormente sobrepuestas hacen excesivo el peso de la estructura, no permiten una buena adherencia de un nuevo estrato y además contienen un elemento muy contaminante, el plomo. La Societé d’Exploitation de la Tour Eiffel (SETE), la sociedad pública responsable de su gestión, afronta una vez más el reto de mantener el monumento abierto al público mientras lo repinta, pero complicado con el compromiso de quitar primero las capas anteriores de pintura de un 10% de la superficie de la torre. En total estos estratos han llegado a tener tres milímetros de grosor y 350 toneladas de peso.

Gustave Eiffel supo elegir para la estructura del monumento un material longevo (el hierro pudelado) pero que no deja de tener un peligroso enemigo: la corrosión. “La pintura protege de los efectos del aire, del agua y de otros elementos como la contaminación y los excrementos de los pájaros”, según nos explica el arquitecto Bertrand Lemoine, experto en la historia de la Torre Eiffel.

 

Un complejo ritual cada siete años

 

Por eso, al menos una vez cada década, hay que repintar una superficie de hasta 2,5 millones de metros cuadrados de hierro; en una operación que, según la SETE, ya en circunstancias normales requiere “una metodología rigurosa”:

     Primero se buscan las zonas más corroídas (hasta un 5% de la superficie total de las estructuras).

     Después, se lijan esos puntos y se les aplican dos capas de imprimación antioxidante.

     También se limpian a vapor las partes menos estropeadas.

     La pintura, cuyo peso total alcanza las 60 toneladas, se aplica una vez terminadas estas fases previas.

Los trabajos de repintado son realizados exclusivamente de manera manual. Crédito: Alessandro Prada

 

Hay algunos factores (entre ellos el frío y la humedad) que complican la operación, durante la cual se aprovecha para comprobar el estado de las estructuras y, eventualmente, arreglar piezas que estén comprometidas. Es necesaria una monitorización constante por parte de expertos en pintura anticorrosión que “se encargan de controlar la calidad del trabajo realizado”.

En un principio, el arranque de las obras estaba previsto para el otoño de 2018 y su duración estimada era de tres años (el doble de lo normal). Pero la complejidad ha llevado a cambiar los planes: la entidad responsable de la torre nos confirma que los trabajos de pintura todavía no han empezado y que no se prevé su inicio antes del otoño de 2019. “Las cosas han evolucionado y la campaña ha sido retrasada”.

Lemoine considera que el retraso se debe probablemente a la necesidad de realizar distintas pruebas antes de poder llevar a cabo la eliminación de parte de las capas sobrepuestas. “Quitar pintura que contiene plomo requiere que se proteja toda la zona circundante”, detalla. “En algunos puntos podrían también resultar necesarias sustancias químicas que permitan suprimir las capas antiguas”, agrega el arquitecto.

 

 

El problema de los materiales

 

En las últimas dos décadas, la elección de los materiales empleados se ha hecho particularmente meticulosa. Para la campaña de 2002, los responsables del monumento cambiaron el tipo de pintura que se había utilizado anteriormente porque contenía pigmentos de plomo, un material contaminante y dañino para la salud. A partir de ese año, se sustituyó ese elemento por el fosfato de zinc, que garantizaba más resistencia a la corrosión y a la contaminación. En la siguiente campaña (la última hasta la fecha, de 2009), se experimentó el uso de otras pinturas sin plomo para lograr un mayor respeto del medio ambiente.

El objetivo es que los trabajos de repintado no interfieran en las visitas. Crédito: Chris Karidis

Esta compleja renovación también afecta a otros símbolos arquitectónicos como el Golden Gate de San Francisco. “Hay quien dice que el puente se pinta cada siete años, otros que se hace cada año, de extremo a extremo. La verdad es que el puente se pinta continuamente”, aseguran sus responsables. Las tareas de cuidado de la pielson parte del día a día tanto del Golden Gate Bridge, como de la Torre Eiffel. Estas operaciones nunca han interrumpido el acceso de los turistas al icono parisino. En 2017, sus responsables dijeron que su intención era mantener la torre abierta al público durante toda la próxima campaña de pintura, en un año tan especial como el del 130 cumpleaños. De momento nos queda esperar después de que la SETE afirmara que en los próximos meses comunicará nuevos detalles sobre el arranque de las obras.

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Tungsteno es un laboratorio periodístico para explorar la esencia de la innovación, ideado por Materia Publicaciones Científicas para el blog de Sacyr

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