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La neurociencia que nos ha hecho biónicos

Desde los humanos “aumentados” a las prótesis inteligentes capaces de sentir y comunicarse con el cuerpo, la colaboración entre neurociencia y tecnología ha difuminado los límites de la biónica para cambiarnos la vida.

Las prótesis inteligentes no solo suplen las extremidades dañadas sino que se integran con un comportamiento cada vez más humano. Crédito: Omkaar Kotedia/The Alternative Limb Project.

ISABEL RUBIO ARROYO | Tungsteno

Neil Harbisson, la primera persona en el mundo reconocida como cíborg por un gobierno, escucha los colores. Una antena implantada en su cráneo desde 2004 le permite percibir el rojo, azul o amarillo en forma de vibración como si se tratara de notas musicales. Esta es la única forma que tiene de diferenciarlos porque padece acromatopsia, una enfermedad congénita que solo le permite ver en blanco, negro y grises. Como él, cada vez más personas se insertan tecnología en el cuerpo para superar diferentes limitaciones o aumentar sus capacidades físicas o sensoriales.

Por ejemplo, la bailarina española Moon Ribas cuenta con sensores integrados en los pies que le permiten recibir información sísmica en forma de vibración. De esta forma, es capaz de convertir los temblores en danza. Mientras tanto, el artista Manel Muñoz tiene implantado en su cabeza un dispositivo que capta los cambios de fuerza que ejerce la atmósfera y las traduce en vibraciones con el objetivo de predecir el tiempo.

Los chips subcutáneos ya son aceptados como billete de viaje por la compañía sueca SJ. Crédito: SJ.

Dispositivos implantados para el pago electrónico

Implantes, prótesis, chips y los avances en neurociencia y tecnología acercan cada vez más a la realidad el hombre biónico. Y en muchas ocasiones facilitan la vida de quienes los portan —aunque también suscitan debates en torno a la privacidad—. En Suecia, unos 4.000 ciudadanos se han implantado bajo la piel un dispositivo electrónico que usan como llave, monedero o tarjeta de acceso al gimnasio e incluso al trabajo. Los dispositivos, que usan la tecnología Near Field Communication (NFC), se suelen insertar en la mano entre el pulgar y el índice.

Las posibilidades que se abren al llevar incrustados en el cuerpo estos chips son infinitas. Se pueden utilizar desde para sacar productos de una máquina expendedora hasta para validar el ­billete de tren con un solo movimiento de la mano. De hecho, la compañía ferroviaria estatal SJ fue la primera compañía de transporte del mundo en ­permitir utilizar los chips como billetes. Si su uso se extendiera a todos los negocios, dejar las llaves en casa u olvidarse la cartera o los documentos de identificación podría dejar de ser un problema.

Tanto para realizar pagos como para entrar a eventos, múltiples empresas experimentan también con otras tecnologías. En 2018 cerca de 100 personas entraron al OFFF (Festival Internacional de Creatividad) con tatuajes electrónicos que se adhieren a la piel creados por la Escuela de Diseño e Ingeniería de Barcelona. “Este dispositivo se adapta a la textura de la piel de forma inocua gracias a una tecnología compleja condensada en una lámina extrafina”, explicaba la organización. 

Los avances en la neurociencia y la tecnología han sido capaces de crear prótesis con capacidad sensorial. Crédito: Naked Prosthetics.

Prótesis con capacidad sensorial

La mayoría de dispositivos desarrollados para facilitar la vida o superar ciertas limitaciones ofrecen cada vez ofrecen más prestaciones. Por ejemplo, las prótesis permiten mover cada dedo de forma individual y sujetar objetos pesados. Pero aún tienen limitaciones. Aunque los usuarios de prótesis pueden tener un control, a menudo no sienten lo que el miembro artificial está haciendo. Esta limitación obliga a mirar constantemente la prótesis al utilizarla. Diferentes investigaciones han contribuido a que estos dispositivos sean más sofisticados para acabar con el problema. Dos mujeres con un antebrazo amputado han recuperado sensaciones muy parecidas a la realidad con sus prótesis, según un estudio publicado el pasado febrero en la revista Science Robotics.

La Organización Mundial de la Salud estima que hay al menos 100 millones de personas en el mundo que necesitan una prótesis, y espera que esta cifra aumente en los próximos años con el incremento de personas mayores en el planeta. Es el caso de Hugh Herr, un ingeniero del Instituto Tecnológico de Massachusetts que tuvo un accidente en la montaña cuando tenía 17 años. Tuvieron que amputarle las dos piernas. Frustrado por la falta de funcionalidad de las primeras prótesis que le ofrecieron, decidió diseñarlas él mismo. En 2016 ganó el premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica por las prótesis biónicas que diseñó durante cerca de dos décadas.

También existen múltiples iniciativas que tienen como objetivo devolver a estas personas sus extremidades. Revolutionizing Prosthetics es un proyecto desarrollado en 2006 en la Universidad Johns Hopkins y financiado por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de los Estados Unidos (DARPA) que busca fomentar la investigación de este tipo de dispositivos para extremidades superiores. E incluso hay organizaciones que entregan prótesis impresas en 3D de forma gratuita. E-Nable, una ONG internacional fundada en Estados Unidos, ya ha facilitado más de 1.500 manos artificiales a personas de todo el mundo.

Las prótesis y los chips son solo algunos de los miles de dispositivos que se desarrollan en la actualidad para dotar de nuevas capacidades a los usuarios. Por ejemplo, un equipo de investigadores de la Universidad de San Diego, en California, ha desarrollado unas lentillas robóticas que permiten hacer zoom con la vista al parpadear mediante pequeños movimientos musculares. También hay científicos que tratan de crear ojos y oídos biónicos para devolver la posibilidad de ver y escuchar a quienes no la tienen. Todos estos inventos comparten la capacidad de cambiar la vida de miles de personas.

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Tungsteno es un laboratorio periodístico que explora la esencia de la innovación. Ideado por Materia Publicaciones Científicas para el blog de Sacyr.

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