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La energía solar llega al coche eléctrico

Las principales casas automovilísticas testan nuevos modelos de coches eléctricos con placas fotovoltaicas que acercan el sueño del automóvil solar. La implementación de la energía solar en el transporte va más allá y ya se prueban desde trenes hasta aviones, pero aún tiene importantes retos por delante.

La energía solar se emplea ya en coches híbridos, como el Sonata de Hyundai, que a través de su techo solar puede recargar hasta el 60% de la batería cada día Crédito: Hyundai.

 

FRANCESCO RODELLA | Tungsteno

La presentación de un Toyota Prius experimental con células fotovoltaicas incorporadas en su techo, capó y luneta trasera, es una de las señales más recientes: la apuesta por la energía solar ha llegado también al sector de los transportes. Una de las ideas que cobra más fuerza es inyectar electricidad generada a partir de los rayos del sol para aumentar la capacidad de autonomía de los coches eléctricos. Pero no solo eso: también hay quien ha soñado con utilizar esta fuente limpia para poner en marcha trenes, aviones y barcos. Algunos han visto sus proyectos materializarse, otros están más lejos. Revisamos a través de algunos ejemplos las perspectivas del sector.

La idea de Toyota, que trabaja en este campo con el fabricante Sharp y el prestigioso centro de investigación público japonés NEDO, es aprovechar la energía solar para aumentar la autonomía de crucero de los vehículos eléctricos y así hacerlos más eficientes energéticamente y con menos impacto ambiental. No es la primera vez que lo intenta. Hace ya una década agregó un techo solar a un modelo Prius, pero en aquel momento no parecía una idea madura. Y en 2017 comercializó en Japón una versión del mismo coche con células fotovoltaicas integrados, aunque con capacidades aún limitadas.

Ahora la casa automovilística ha avanzado más, y, según asegura, ha podido desarrollar un modelo eléctrico que cuenta con células solares de alta eficiencia (34%) y es capaz, cuando está parado, de almacenar en su batería energía solar suficiente como para tener 44,5 kilómetros de autonomía extra al día (hasta 56 km durante la marcha). En el Prius anteriormente comercializado en Japón, llegaba solo a 6,1 km. A principios del pasado julio, Toyota anunció que estaba lista para empezar una fase de pruebas en carreteras con este prototipo y evaluar sus beneficios “en función de las mejoras en la reducción de las emisiones de CO2 y la conveniencia”, así como “la cantidad de veces que un vehículo requiere una recarga”.

 

Al incrementar la superficie panelada se aumenta la autonomía del automóvil eléctrico, permitiendo la auto carga, con mayor eficiencia y menos impacto. Crédito: Lightyear.

El problema de la autonomía

No todos están seguros de que apostar por la energía solar en el sector de los coches sea la opción mejor. Entre los que han expresado dudas, también está el visionario Elon Musk, al que le preocupa que la superficie disponible no sea suficiente como para sacar ventajas significativas de esta fuente limpia. Otros, en cambio, están más en la línea de Toyota. Su competidora Hyundai, por ejemplo, acaba de lanzar al mercado de Corea del Sur un modelo Sonata híbrido con techo solar, una tecnología que le permitiría poder recargar de esta forma entre un 30% y 60% de su batería cada día y, con seis horas de recarga diaria, aumentar de unos 1.300 kilómetros anuales la distancia recorrible.

También en Europa algunos lo están intentando. Como esta empresa holandesa, que asegura estar preparando un modelo eléctrico y solar con más de 700 kilómetros de autonomía y que lo venderá a partir de 2021 a un precio de 149.000 euros. O esta startup alemana, que dice haber recibido ya más de 10.000 pedidos para un coche basado en en el mismo tipo de propulsión y también disponible en dos años, pero “perfecto para un uso en el día a día” y en preventa a un precio de 25.000 euros.

Ricardo Guerrero Lemus, miembro de la Agencia Internacional de la Energía y docente en la Universidad de la Laguna (Tenerife), cree que en el terreno de los coches solares “queda camino por recorrer, pero es evidente que [esta opción] se empezará a aplicar pronto, no como una solución independendiente, pero sí aportando energía a la batería de los vehículos eléctricos”. En su opinión, “cualquier aportación de energía fotovoltaica debe ser bienvenida porque necesitaremos menos tiempo de enchufe para cargar la batería”.

El centro de investigación NEDO afirmaba en un estudio publicado el pasado abril que en Japón se considera que habrá mercado para sistemas fotovoltaicos en los coches a partir de 2030, lo que sugiere que aún falta algo. Pero el trabajo de ingenieros y especialistas del sector se intensifica. Además de la autonomía, una de las ventajas que puede aportar la energía solar en los autos es el aumento del “confort dentro del vehículo”, porque puede contribuir a alimentar funciones como el aire acondicionado o la iluminación, según Guerrero. Por otro lado, contrasta, “la principal dificultad es el precio de las células multiunión que en este caso deberían ser flexibles e, incluso, coloreables”.

 

En la aviación se está integrando también la energía solar. Un ejemplo es el Solar-Impulse II, que dio la vuelta al globo usando mayormente energía fotovoltaica. Crédito: Solar Impulse.

Sol para alimentar autobuses, trenes y aviones

La idea de alimentar vehículos con la luz del sol no fascina solo a algunos fabricantes de coches, sino también a desarrolladores de otros medios de transporte. A distintas latitudes, ya ha habido varios intentos para convertir esta visión en realidad. Así lo hizo esta compañía de Uganda, que produjo un prototipo de autobús solar. En otros países, como en la India y en Australia, se aplicaron paneles fotovoltaicos en el techo de algunos trenes (en el primer caso, como integración a la propulsión diesel, en el segundo, para que la solar sea la única fuente de energía).

Hace tan solo unas semanas, un proyecto relativo al ferrocaril se anunció también en Reino Unido. Se trata de un piloto para experimentar una “granja solar ferroviara”, es decir, una línea de trenes, ubicada en el sur de Inglaterra, conectada con un parque solar que permite alimentar algunos elementos de la red como señales y luces. Sus impulsores creen que es el primer paso para crear una infraestructura ferroviaria capaz de abastecer con energía fotovoltaica directamente los trenes y así reducir la necesidad de usar combustibles.

La integración de energía solar se ha probado también en el sector náutico y en la aviación. En este segundo caso, entre los proyectos que tuvieron más repercusión mediática está el Solar-Impulse II, un avión alimentado en buena parte con energía fotovoltaica que entre 2015 y 2016 completó la vuelta del globo terrestre, viajando en algunos tramos por la noche gracias a la energía acumulada durante el día. Y también es destacable el Zephyr S de AirBus, un vehículo aéreo no tripulado alimentado con energía fotovoltaica y diseñado como un “pseudo-satélite” capaz de mantenerse en vuelo a unos 21.000 metros de altura y ejecutar tareas de “visualización, detección y conectividad”. Un vehículo que ya ha despertado un particular interés por parte del Gobierno de Reino Unido, explicó la compañía.

 

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