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Imitamos a la naturaleza para transformar los residuos orgánicos de Melbourne

En la imagen, Carlos Gros @ SE Organics Melbourne 

Sacyr trabaja en la puesta en marcha de una Planta de Tratamiento de Residuos Orgánico en Melbourne (Australia). Su puesta en marcha, prevista en 2019, permitirá transformar residuos orgánicos en abono o enmienda orgánica de calidad.

La planta atenderá las necesidades de 1,2 millones de habitantes de ocho municipios de la zona metropolitana de Melbourne. Las previsiones son que la futura instalación reduzca en más de 65.000 toneladas las emisiones de CO2 y que la basura orgánica anual de esta zona del suroeste de la ciudad australiana se convierta en unas 50.000 toneladas de abono de alta calidad.

Para ello, Sacyr utilizará una tecnología que es habitual en Europa, pero no en Australia. El tratamiento de aire que se instalará en planta está entre las más avanzadas en la recuperación de residuos. Tiene un diseño que prevé el funcionamiento de diversos equipos que, como conjunto, forman un sistema de tratamiento del aire y reducción de olores muy efectivo.

“En primer lugar, se realiza la captación del aire del interior de la nave de la planta de tratamiento mediante ventiladores de aspiración. La nave, que se mantendrá en presión negativa, está zonificada para que la renovación del aire del interior sea acorde a la operación”, explica Carlos Gros, director de Sacyr Environment Australia.

A continuación, el aire pasa por una enfriadora que asegurará de que tenga la temperatura adecuada para que los siguientes elementos del tratamiento del aire funcionen en su rango óptimo. “El siguiente paso consiste en pasar el aire por un depurador o scrubber ácido, que neutraliza los elementos químicos básicos presentes en el aire y que son fuente de olor. También se satura el aire en humedad, para favorecer y optimizar el funcionamiento de los biofiltros”, apunta Gros.

Posteriormente, el aire pasa por un filtro biológico o biofiltro formado por capas de corteza de árboles y chips de madera para, finalmente, recoger los condensados y lixiviados producidos en todo el proceso de tratamiento y llevarlos a un tanque de almacenamiento. “El conjunto de equipos destinados al tratamiento del aire está duplicado en dos líneas idénticas para favorecer su operatividad y mantenimiento”, explica el director.

 

Proceso biológico

El proceso de compostaje imita la transformación que tienen los residuos orgánicos en la naturaleza en condiciones de aireación.

“Se trata fundamentalmente de un proceso biológico de oxidación o fermentación aerobia, pero que en las instalaciones como la nuestra se lleva a una escala industrial. Aquí se hace de una manera más acelerada mediante el control de parámetros como la humedad, la temperatura y el oxígeno”, añade.

La explicación de que este tipo de procesos, habituales en Europa, no hayan sido hasta la fecha explotados en Australia se debe a que el país no tiene problemas de espacio ni ha escatimado nunca en costes de transporte.

El compostaje se ha venido haciendo en instalaciones a cielo abierto, lejos de los núcleos urbanos, donde no hay problema de que los olores perjudiquen e incomoden a la población.  Este tipo de instalaciones, no obstante, tienen inconvenientes que han llevado a Sacyr a poner en valor su experiencia desarrollada durante más de dos décadas en el mercado europeo.

“Aunque estas instalaciones están a veces más próximas de los grandes consumidores de compost, están más lejos de los mayores puntos de generación del residuo orgánico que son los núcleos urbanos, y el transporte encarece el coste final del proceso desde la generación del residuo hasta su aplicación al suelo”, indica Gros.

Además, en estas instalaciones a cielo abierto el control del proceso es mucho menor que en instalaciones totalmente cubiertas al estar muy condicionadas por la meteorología y ser imposible forzar las condiciones para optimizar el proceso.

No es habitual encontrar en Australia instalaciones de compostaje donde todas las fases del proceso se llevan a cabo dentro de una instalación, y que se controlen en todo momento la emisión de olores al exterior mediante un tratamiento del aire del interior.

Son instalaciones que tienen una mayor inversión, una operación algo más compleja y unos costes operativos superiores. Por todo ello, concluye el director de Sacyr Environment Australia, “nuestra compañía ha sabido acertar proponiendo algo diferente a lo habitual en el mercado australiano cuando estaban preparados para asumir un mayor coste por tener una instalación que produzca un producto más homogéneo en calidad en una ubicación más próxima a los puntos de recogida de residuos”.

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