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El fin de la privacidad

Los softwares de reconocimiento facial nos facilitan la vida pero también han abierto el debate sobre dónde poner los límites a la privacidad de los datos. Crédito: NEC.

 

ISABEL RUBIO | Tungsteno

Múltiples usuarios de un smartphone de última generación ya pueden desbloquear el teléfono con la cara. También pueden sacar dinero en algunos cajeros o usar su rostro en aeropuertos para acceder a la zona de embarque y subirse a un avión. E incluso acceder a conciertos y otros eventos sin necesidad de portar consigo una entrada. Los sistemas de reconocimiento facial forman parte de nuestro día a día y se presentan como una herramienta capaz de hacernos la vida más cómoda. Pero también suscitan el siguiente debate: ¿Hasta qué punto estas técnicas suponen una intromisión en la privacidad o la intimidad de las personas?

Ya hay países que utilizan esta tecnología para vigilar a la población. En China la policía usa gafas con reconocimiento facial para identificar a sospechosos y hay instaladas cerca de 170 millones de cámaras de videovigilancia por todo el territorio. También se intenta combatir el absentismo escolar con sistemas de reconocimiento facial en las puertas de algunas escuelas. E incluso se utiliza en los baños públicos del Templo del Cielo en Pekín para controlar que no se malgaste el papel higiénico. Una máquina dispensa un trozo de papel higiénico de 60 centímetros a un usuario, escanea su rostro y no le permite usar más hasta que pasen nueve minutos.

El reconocimiento facial se usa para el acceso al aeropuerto, pero también permite identificar a personas en cualquier contexto sin que se den cuenta. Crédito: Shanghai Pudong Airport.

Límites en el uso de la tecnología

Por el contrario, hay lugares que tratan de limitar la vigilancia facial por parte de las autoridades públicas. San Francisco se convirtió el pasado mes de mayo en la primera ciudad en Estados Unidos en prohibir el uso de la tecnología de reconocimiento facial. Otros lugares también se plantean impedir que el Gobierno pueda utilizar este tipo de sistemas. Es el caso de Oakland y Berkeley, en el estado de California, y Somerville, en Massachusetts.

E incluso hay personas particulares que han tomado medidas al respecto. Un hombre ha llevado a los tribunales a la Policía de Gales, en Reino Unido. "Salí de la oficina para hacer compras navideñas y en la principal calle peatonal de compras en Cardiff, había una camioneta de la policía. Para cuando estuve lo suficientemente cerca como para ver en ella las palabras 'reconocimiento facial automático', ya había capturado mis datos. Me pareció una invasión fundamental de mi privacidad", relató relató a la cadena BBC.

Esta tecnología resulta tan polémica precisamente porque es capaz de identificar a personas en cualquier contexto sin que se den cuenta. Por ejemplo, en 2018 la cantante estadounidense Taylor Swift usó, sin avisar a los asistentes, un software de reconocimiento facial en un concierto para detectar acosadores entre su público. Además, los expertos en privacidad alertan de que hay una gran cantidad de información que se puede extraer a partir del rostro o al combinar diferentes sistemas de reconocimiento facial. Por ejemplo, qué ropa suele llevar una persona, si se maquilla, si tiene alguna enfermedad visible en la cara o incluso si es católica porque va a misa todos los domingos.

Las técnicas de identificación biométricas también se están usando para la investigación de las enfermedades raras. Crédito: Paul Kruszka, et al.

Sesgos de género y raza

A esto se suma que este tipo de sistemas suelen aplicar una serie de sesgos. Por ejemplo, el sistema de reconocimiento facial utilizado por la policía galesa en la Final de la Champions League de 2017 falló al identificar a nueve de cada diez personas, según el medio especializado en tecnología The Wired.

Estos errores afectan principalmente a mujeres y personas negras porque los algoritmos son entrenados con conjuntos masivos de datos que suelen incluir un porcentaje mucho menor de imágenes de mujeres y personas con piel oscura. Una prueba realizada en 2018 por la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) con el sistema de reconocimiento facial de Amazon muestra la presencia de estos sesgos. El sistema confundió a 28 de 535 congresistas con sospechosos de la policía. La mayoría de coincidencias falsas se correspondían con las fotografías de personas de color. La ACLU advirtió entonces en un comunicado el peligro del uso de este sistema por parte de las autoridades, pues "que una identificación sea precisa o no puede costarle a una persona su libertad o incluso su vida".

Una herramienta útil para la investigación

Pero estos sistemas también pueden resultar especialmente útiles. Por ejemplo, en la búsqueda de personas con paradero desconocido. El año pasado la policía de Nueva Delhi utilizó el reconocimiento facial para encontrar a más de 3.000 niños desaparecidos. Y en el ámbito de la salud. El Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano están utilizando estas técnicas para detectar algunas enfermedades genéticas raras.

Con sus pros y sus contras, el reconocimiento facial se ha convertido en un desafío clave para la sociedad y los legisladores en los próximos años, tal y como indica un informe del influyente instituto de investigación AI Now Institute. De hecho, el mercado de la tecnología de reconocimiento facial no para de crecer y confirma esta tendencia. En 2017 alcanzó los 1.400 millones de dólares, según Statista. Se espera que este año la cifra ascienda a 1.900 millones y que continúe creciendo hasta llegar a los 3.100 millones en 2022.

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