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El dark tourism de la ingeniería: un recorrido por las construcciones más tenebrosas

Construida sobre una escombrera, Teufelsberg fue una estación de escuchas de los aliados durante la Guerra Fría, y hoy atracción turística de Berlín. Crédito: Rosa Menkman.

 

FRANCESCO RODELLA | Tungsteno

Pasar las vacaciones entre escombros, parajes desoladores, ciudades abandonadas o áreas contaminadas, a menudo escenarios de graves catástrofes, es una opción que parece llamar la atención de cada vez más viajeros. El éxito de producciones como Chernobyl, una miniserie recién estrenada sobre el célebre desastre nuclear soviético de 1986, no hace más que alimentar esa atracción. Los aficionados de esta práctica controvertida —por lo general llamada dark tourism (turismo negro)— pueden encontrar programas, libros y documentales que sugieren todo tipo de destino de ese estilo. Entre ellos, también se indican obras de ingeniería tenebrosas, construidas con finalidades muy distintas y ubicadas en los lugares más inesperados. Aquí recorreremos algunas.

Antes de empezar este viaje, recordemos que algunos de los destinos citados fueron escenario de tragedias humanas o naturales que ocasionaron muertes y sufrimiento. En algunos de estos lugares, ya se han lanzado advertencias dirigidas a los visitantes con la invitación a respetar la memoria de las víctimas. Así ocurrió hace unos meses, cuando las autoridades de Auschwitz rogaron en Twitter que no se tomaran imágenes inadecuadas durante el recorrido en el campo. Craig Mazin, productor de la serie Chernobyl, hizo lo mismo en otro tuit publicado en junio, tras saber que el éxito de su obra había impulsado una ola turística en los alrededores de la planta nuclear donde se produjo ese desastre.

El turismo se ha convertido en motor económico de las zonas asoladas por las catástrofes nucleares, como Chernóbil, en la imagen, o Fukushima (Japón). Crédito: Wendelin Jacober.

Fascinación por las apocalipsis nucleares

Chernóbil no es el único escenario de un grave accidente nuclear que genera fascinación entre los visitantes. Lo mismo pasa también en Fukushima (Japón), después de que fuera afectada en 2011 por un potente terremoto y el tsunami consecuente. La planta nuclear de Daiichi, construida en esa localidad, no resistió adecuadamente el impacto devastador de estos dos fenómenos, lo que provocó una serie de fallos tecnológicos, la pérdida de control de la central y la emisión de radiaciones peligrosas.

Algunos de los puntos del área afectada por la tragedia fueron evacuados por el riesgo de la emanación de radiaciones, pero posteriormente el Gobierno levantó las restricciones, según refleja el documental presentado por el periodista neozelandés David Farrier, que muestra lugares abandonados, escombros donde arrasó el tsunami y zonas en las que registra un nivel de radiactividad mucho más alto de lo normal. Las autoridades locales, por su lado, tratan de impulsar un turismo que destaque el intento de volver a empezar de cero de la región afectada. También se ofrecen tours en la planta nuclear de Daiichi.

Ciudades y presas que sufrieron catástrofes naturales

Las catástrofes naturales parecen despertar particular fascinación. Si nos quedamos en Asia, un ejemplo de ello es el atractivo turístico que genera la región de Sichuan Wenchuan (China), donde hace poco más de una década un terremoto provocó al menos 70.000 víctimas mortales. Allí, como contó el fotógrafo Ambroise Tézenas a través de una serie de imágenes, es posible ver las secuelas de ese seísmo brutal en edificios, puentes y otras estructuras construidas en esta región montañosa ubicada en el centro del país.

Hay casos parecidos también en Europa. Uno de los más llamativos en un entorno de montaña es el de la presa de Vajont, en la zona de los Dolomitas (Italia). Allí se produjo , en 1963 una avalancha brutal, que provocó un tsunami en el lago artificial creado al construir el dique. Esta super ola de 70 metros de altura sobrepasó la presa, que no sufrió daños relevantes, y arrasó el valle aguas abajo con consecuencias terribles. Hoy día la presa, (ya no utilizada) y las zonas colindantes, son objeto de la visita de 100.000 turistas cada año.

Buzludzha, uno de los mayores monumentos ideológicos levantados por el partido socialista de Bulgaria en los años setenta. Crédito: Stefan Spassov.

Herencias de la Guerra Fría

Otras infraestructuras que despiertan gran interés en los aficionados de turismo negro son las que han quedado como herencia de la Guerra Fría. Una de ellas es Teufelberg, una ex base de escuchas construida por EEUU en una zona elevada de Berlín, conocida como la colina del Diablo. Tras dejar de funcionar en 1989, la base se convirtió primero en un sitio de encuentro para grafiteros y otros artistas urbanos, y después, gracias también a un reportaje de The New York Times, en atracción turística. Según la web oficial de este lugar, hasta 2020 no podremos saber el contenido de estas escuchas de los agentes estadounidenses y británicos que trabajaban allí porque los archivos permanecen bajo secreto.

También el bloque socialista dejó muchas huellas de ese pasado. Una de las más impresionantes es Buzludzha, un monumento construido en los años setenta por el partido socialista de Bulgaria. Esta obra, ubicada en la zona central del país balcánico, a unos 250 kilómetros de la capital Sofía, quedó abandonada después de la caída de la URSS y de otros gobiernos de países de la órbita soviética, y se convirtió en un destino para turistas atraídos por su aspecto en ruinas y su carga simbólica. Existen planes para la restauración del monumento, incluido uno propuesto a finales del año pasado por la ONG Europa Nostra.

Una estación semiabandonada en España

Hacer turismo negro de ingeniería es posible también en España. Una de las obras más llamativas es una estación de trenes semiabandonada, de 241 metros de largo, situada en el municipio pirenaico de Canfranc (Huesca). Fue inaugurada por el rey Alfonso XIII a finales de los años veinte, con la idea de crear una gran línea de interconexión con Francia. Entre 1945 y 1949 estuvo cerrada por desacuerdos con el Gobierno francés. En 1970, el tráfico internacional de trenes se bloqueó definitivamente, y a partir de ese año empezó la decadencia de la estación. Actualmente solo queda activa la línea regional de Renfe Canfranc-Zaragoza.

También en este caso existen proyectos que pretenden restaurar la obra, actualmente visitable todo el año. Ya hubo trabajos de rehabilitación en la década pasada, algunos de ellos a cargo de Sacyr.

 

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