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Despegan los primeros taxis aéreos

La congestión de las ciudades y sus consecuencias asociadas, desde el ruído a la contaminación, han acelerado los preparativos de la carrera para el despegue de los aerotaxis, en la que compañías como Uber, Boeing o Airbus ya se están posicionando.

Un híbrido entre coche y dron es la propuesta de Airbus junto con Audi que ya están testando para transportar personas dentro de los núcleos urbanos. Crédito: Airbus/ ItalDesign.

 

FRANCESCO RODELLA | Tungsteno

En pocas décadas, el hecho de que voluminosos aparatos recorran todos los días miles de kilómetros sobre nuestras cabezas volando entre una ciudad y otra se ha convertido en algo absolutamente normal. ¿Nos acostumbraremos pronto a que el aire sea una vía de desplazamiento habitual para pasajeros también dentro de las propias urbes?

A mediados de este mes de septiembre se completaba el primer vuelo de demostración de un prototipo de aerotaxi autónomo sobre los cielos de Stuttgart. El sector de los taxis voladores está que hierve: proyectos piloto, avances en investigación y desarrollo de nuevas normativas harán que el aterrizaje de esta tecnología en el mundo real pueda concretarse en tan solo unos años, según prometen algunas empresas especializadas.

Dron de drones

Hace dos meses, el centro de investigación privado Tecnalia presentó el que se considera primer prototipo de taxi volador sin piloto realizado en España. Se trata de un modelo eléctrico, pensado para transportar una persona, pero escalable para albergar a hasta cuatro, que puede recorrer distancias urbanas de hasta 15 kilómetros y cuyas dimensiones le permitirían despegar y aterrizar en el espacio que ocupa el aparcamiento de un coche. Es “un dron de drones” capaz de mantener altos estándares de estabilidad y seguridad para los viajeros, explicaban sus realizadores.

Para Agustín Sáenz, subdirector de mercado de Tecnalia, el prototipo es una muestra de que esta “nueva generación” de transporte urbano “no es tan ciencia ficción como parece”.

En su opinión, el crecimiento del sector se debe principalmente a la necesidad de responder a algunos problemas actuales: en particular, la congestión creciente de las ciudades y del tráfico que circula en ellas, así como el impacto medioambiental del sector aeronáutico (la Agencia Europea del Medioambiente apunta a los medios de transporte aéreos como los más contaminantes).

De ahí que el número de compañías que se dedican al desarrollo de aerotaxis haya ido aumentando en los últimos años. Entre ellas, hay gigantes de la aeronáutica como Boeing y Airbus, pero también unicornios de la movilidad compartida como Uber o startups como Lilium, sin olvidarse de empresas asiáticas como EHang.

 

Este prototipo de aerotaxi autónomo permitiría cubrir las necesidades de transporte del centro urbano del 85% de todas las ciudades del mundo. Crédito: Tecnalia.

Los desafíos del sector

La mayoría busca crear aparatos eléctricos para que sean más sostenibles y capaces de despegar y aterrizar verticalmente, para aumentar su posibilidad de moverse en espacios estrechos (en inglés se suelen indicar con la sigla EVTOL, de electric vertical takeoff and landing). Las hay que aspiran a que viajen de manera autónoma. Y algunas ya están manos a la obra para acercar un poco más la fase operativa con pruebas y demostraciones.

Uber, por ejemplo, quiso dar muestra recientemente de a dónde pretende llegar por este camino al lanzar, el pasado 9 de julio, un servicio que permite a los usuarios más fieles de la compañía elegir recorrer la distancia entre Wall Street y el Aeropuerto Internacional JFK (Nueva York) en un helicóptero. Se trata de un vehículo con piloto, que permite cumplir ese recorrido de lunes a viernes en horas puntas por la tarde por un precio que ronda los 200-220 dólares, según indicaron medios estadounidenses. Poco más de lo que vale un servicio parecido ofrecido por la competidora Blade, una de las empresas que ya operan en este sector en algunas ciudades.

Una periodista de la cadena NBC que probó el recorrido con el llamado UberCopter, en el que se integran también desplazamientos en coche hasta el helipuerto de Wall Street, y para llegar a la terminal tras el aterrizaje, tardó en total 52 minutos. Unos 15 menos (y 213,07 dólares más) de los que necesitó un compañero suyo en transporte público.

De momento, parece que el ahorro efectivo del tiempo necesario para superar el tráfico congestionado de la metrópoli no es todavía muy considerable respecto al precio que supone. Pero la compañía está más que lanzada en sus planes y considera este servicio (que ya ensayó de forma parecida hace tres años en un test piloto de un mes en São Paulo) solo como una primera etapa. Ya prevé realizar pruebas con vehículos EVTOL desarrollados por distintas empresas a partir del año que viene en Los Ángeles, Dallas y Melbourne (Australia). Y planea poner en marcha un servicio comercial en 2023.

El fabricante aeronáutico alemán Volocopter ha logrado completar este mes de septiembre el primer vuelo público de prueba de un aerotaxi eléctrico en Europa. Crédito: Volocopter.

Un cielo cada vez más congestionado

No todos están convencidos de que los proyectos estén ya tan maduros. “Es difícil hacer previsiones”, declara Aníbal Ollero, docente de la Universidad de Sevilla. La NASA, por ejemplo, considera que habrá un mercado viable de drones repartidores y metro aéreo (transporte entre dos puntos determinados anteriormente) en 2030, pero evalúa que taxis voladores capaces de prestar un servicio puerta a puerta solo podrán operar en entornos limitados. “También hay visiones más optimistas”, contrasta Ollero.

El experto mantiene que en el futuro podremos imaginarnos la movilidad urbana aérea como una integración de “aviación urbana personal”, vehículos autónomos como los drones de reparto y también taxis aéreos, todos ellos, a su vez, “integrados con el transporte en superficie”.

Para que un escenario de este tipo se materialice, sin embargo, hace falta superar retos en términos de seguridad y fiabilidad de los sistemas de gestión del tráfico, así como desarrollar normativas acordes (autoridades como la Agencia Europea para la Seguridad Aérea ya están en ello), contar con profesionales especializados y disponer de una certificación adecuada (con los altos costes consecuentes), agrega.

Entre los aspectos que necesitan ser profundizados, Ollero indica “la detección y evitación segura y fiable de obstáculos, la navegación mediante sensores de percepción del entorno en sitios en los que no hay posicionamiento por satélite, o la planificación dinámica de trayectorias”. También hay que contemplar la evolución de la tecnología de las baterías, las cuestiones de ciberseguridad y el comportamiento de los aerotaxis en situaciones de emergencia, apunta. “¿Cómo aterrizar y dónde en caso de que se requiera?”, se pregunta.

Otros interrogativos plausibles pueden estar relacionados con el ruido (empresas como Uber prometen que los EVTOL serán silenciosos), la necesidad de infraestructuras idóneas y la asequibilidad económica. Ollero cree que esta dependerá “de la evolución tecnológica y la percepción del público”. Hay quien apunta a un servicio generalizado, como Agustín Saénz: “La idea es que en el tiempo no llegue a costar más que un servicio de taxi, en el orden de unos treinta o cuarenta euros”.

 

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Tungsteno es un laboratorio periodístico que explora la esencia de la innovación. Ideado por Materia Publicaciones Científicas para el blog de Sacyr.

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