Chips bajo la piel, la delicada frontera de la tecnología transdérmica
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Chips bajo la piel, la delicada frontera de la tecnología transdérmica

Los implantes de chips bajo la piel empiezan a popularizarse en el norte de Europa. Estos dispositivos ya permiten realizar pagos, abrir puertas o fichar en el trabajo, entre un sinfín de aplicaciones que pueden resultar fascinantes e inquietantes. Diseñados para mejorar la calidad de vida de las personas, su reciente disponibilidad a gran escala abre un crucial debate sobre sus implicaciones éticas y legales.

Amal Graafstra es uno de los primeros usuarios de los dispositivos transdérmicos. En 2005, se implantó su primer microchip, que le permitía abrir puertas sin llaves. Crédito: Amal Graafstra

ANTONIO LÓPEZ | Tungsteno

En Suecia, más de 4.000 personas llevan un chip bajo la piel con el que pueden hacer tareas cotidianas como sacar dinero, hacer pagos, comprar billetes de tren o acceder a su puesto de trabajo. Estos implantes empujan la transición sueca hacia una economía sin dinero en efectivo, además de reducir el riesgo de contacto en tiempo de pandemia y distanciamiento social. La tendencia empieza a popularizarse, también, en Alemania, Reino Unido o Japón, e incluso está a la espera de autorización legal para poder comercializarse en otros países, como en el caso de Italia.

Detrás de estos microchips transdérmicos está la tecnología NFC (Near Field Communication), como la que tienen las tarjetas bancarias sin contacto. Este protocolo de comunicación se puede programar para ejecutar tareas sencillas y almacenar información y compartirla, siempre que se esté a una distancia de entre 2 y 5 centímetros.

En los desarrollos actuales, estos implantes, que tienen el tamaño de apenas un grano de arroz, pueden contener desde datos de identificación a códigos de acceso para desbloquear el móvil o abrir cerraduras electrónicas. Plantean, a futuro, funcionalidades más complejas que pueden facilitar nuestra interacción con otros dispositivos y con el entorno, avanzando, sin duda, hacia una mayor automatización.

Los tatuajes NFC, como el DuoSkin desarrollado por el MIT y Microsoft, son menos invasivos que los implantes y también permiten conectarse a dispositivos electrónicos. Crédito: MIT

La puerta hacia una sociedad transhumanista

La fascinación por cómo la tecnología permite ampliar las capacidades del cuerpo humano, que guía a los denominados transhumanistas, ha empujado el auge de los implantes transdérmicos en países como Alemania. Son ya miles los alemanes que desde una web han adquirido su propio kit con su chip NFC, que pueden programar desde su teléfono móvil.

Pero más allá de cumplir las expectativas de los amantes del biohacking, llevar microchips bajo la piel puede ayudar a romper barreras de accesibilidad y comunicación para muchas personas, e incluso salvar vidas, ya que estos chips permiten almacenar información médica —crucial para la supervivencia de pacientes diabéticos o alérgicos a la penicilina, por ejemplo.

Un caso paradigmático del potencial de esta tecnología es el de Alex Lewis, un hombre que lleva un chip de la empresa BioTeq implantado en cada brazo. Una rara enfermedad derivó en la pérdida de las extremidades superiores e inferiores, con lo que ha visto su movilidad muy reducida. En uno de sus chips almacena su información médica, y con el otro abre la puerta de su casa, algo que, de otra manera, le costaría un esfuerzo inmenso. Una segunda generación de estos chips le permitiría disponer de mayor autonomía en su día a día, y hasta, por ejemplo, conducir sin tener contacto con el vehículo y sin depender de otras personas.

Estos dispositivos insertables, entre los que se encuentran los chips transdérmicos NFC, no son la única variante de un campo de biotecnología en expansión, el de la electrónica epidérmica que incluye también otros dispositivos médicos implantables (IMD), como pueden ser los marcapasos o una bomba de insulina. También los chips RFID, que permiten, mediante una señal de radio, identificar el objeto en el que está colocado, y que tradicionalmente se han implantado en los animales de compañía o en peligro de extinción. Esta tecnología también se ha puesto a prueba en una de las últimas iniciativas del MIT (Massachusetts Institute of Technology), los tatuajes NFC, unos chips adhesivos y deformables temporales, desarrollados junto a Microsoft, que funcionan como una interfaz que también se conecta a dispositivos electrónicos y es menos invasiva que los implantes.

A día de hoy, ni la implantación ni los usos de los microchips transdérmicos están sometidos a ninguna regulación legal, lo que se une al debate ético sobre estos dispositivos. Crédito: Three Square Market.

Riesgos y oportunidades

La democratización del uso de estos dispositivos ha traído consigo un intenso debate sobre los problemas de seguridad y de ética en torno a la idea de incorporar tecnología inalámbrica a nuestros cuerpos. Aunque el transhumanismo es una corriente filosófica que ya tiene un recorrido notable, no todas las sociedades lo adoptan con la misma perspectiva. El principal mercado de estos chips está actualmente en Suecia, Reino Unido y Japón. En el país escandinavo, implantarse un chip NFC es algo que puede hacerse legalmente en cualquier estudio de piercings. Incluso existen empresas donde los trabajadores los usan para fichar a la entrada a la oficina, utilizar la impresora o comprar en las máquinas de vending.

A día de hoy no hay una regulación legal sobre su uso. Aún así, el Parlamento Europeo desaconsejaba en 2018 su uso entre empleados, por una confrontación con la política de protección de datos imperante, aunque también apuntaba a posibles riesgos de seguridad informática, pues reconoce que pueden ser “hackeados, espiados, clonados, desactivados o manipulados” con la tecnología actual. También persiste la cuestión sobre la propiedad de los datos, especialmente si estamos en un contexto empresarial. En cualquier caso, en lo que parecen estar de acuerdo los expertos es que el mayor riesgo viene derivado de la interacción de los microchips con otros dispositivos electrónicos.

Además de los riesgos propios del software, ¿pueden volverse estos microchips un enemigo para la autonomía que prometen si producen, precisamente, que se incrementen las diferencias de poder entre la empresa y el trabajador? El debate avanza mientras la tecnología lo hace también en una zona gris en términos legales. Aunque en el caso de los chips NFC se trate de un grano de arroz y no de arena, esta tecnología parece ser la puerta a una montaña de posibilidades.

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Tungsteno es un laboratorio periodístico que explora la esencia de la innovación. Ideado por Materia Publicaciones Científicas para el blog de Sacyr.

 

 

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