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Capturar CO2 es la única forma de reducir las emisiones industriales

Las industrias son responsables de la mayor parte del dióxido de carbono que llega a la atmósfera. El ingeniero valenciano Rubén Mocholí Montañés plantea cómo se pueden reducir estas emisiones a través de nuevos modelos para atrapar y aprovechar ese CO2 generado en estos procesos industriales.

El ingeniero Rubén Mocholí Montañés trabaja en proyectos para implantar nuevos modelos industriales alternativos para frenar las emisiones contaminantes. Crédito: Rubén Mocholí Montañés.

 

ISABEL RUBIO ARROYO | Tungsteno

La concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera es la más alta desde hace tres millones de años, según la Organización Meteorológica Mundial. La industria es responsable de gran parte de estas emisiones. Frenarlas y combatir así el cambio climático es uno de los mayores desafíos del siglo XXI. Es lo que pretende el ingeniero valenciano Rubén Mocholí Montañés (Valencia, 1990), científico y project manager en la noruega SINTEF Energy Research, una de las organizaciones de investigación independientes más grandes de Europa.

En 2019 recibió un premio Green Talent por la elaboración de modelos matemáticos para reducir las emisiones de CO2 industrial. Entre las alternativas que se plantean diferentes empresas, está la de implantar nuevos modelos industriales en los que se atrape e incluso aproveche el dióxido de carbono en lugar de emitirlo a la atmósfera. Mocholí forma parte del Norwegian Carbon Capture and Storage Centre (NCCS), que es el centro de excelencia en captura y almacenamiento de CO2 más grande del mundo.

¿Qué industrias son las causantes de una mayor huella de carbono?
A nivel global, las centrales térmicas de generación de electricidad con combustibles fósiles generan más emisiones de dióxido de carbono que el resto de las industrias. Pero también hay procesos industriales que resultan en emisiones significativas como el sector de producción de acero, cementeras, la industria papelera, la petroquímica y la de producción de gas natural. Estas industrias generan a nivel global el 25% de las emisiones de CO2 relacionadas con la energía. Las cementeras, por ejemplo, producen cerca del 7% de las emisiones de CO2 antropogénicas.

¿Por qué es importante frenar estas emisiones?
Necesitamos grandes cantidades de cemento y acero para construir casas, puentes, carreteras, centrales hidroeléctricas, aerogeneradores… Pero al mismo tiempo, necesitamos reducir de forma significativa las emisiones de CO2 asociadas a estos procesos para cumplir los objetivos de reducción de emisiones de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático a medio y largo plazo.

¿Cuál es la clave para conseguirlo?
En la Unión Europea se han reducido las emisiones de CO2 en los últimos años con medidas de eficiencia energética e implementación de renovables en el sistema eléctrico. Pero la captura y almacenamiento de CO2 es la única manera de reducir de forma significativa las emisiones en algunos procesos industriales en el futuro próximo. Si el dióxido de carbono que se captura y almacena proviene de fuentes de origen no fósil, como por ejemplo centrales de cogeneración que utilizan biomasa como combustible, esto podría resultar en emisiones negativas de CO2. Es decir, en una reducción neta de CO2 en la atmósfera, lo que tendría un efecto positivo en el clima.

¿Existen ya alternativas para atrapar o aprovechar el dióxido de carbono en vez de emitirlo a la atmósfera?
En la actualidad hay más de 50 instalaciones de captura y almacenamiento de CO2 a gran escala en el mundo. De ellas, cuatro están en construcción, 28 están en varios estados de desarrollo y 19 están operativas —17 en procesos industriales y dos en centrales térmicas de carbón—.

En la planta piloto de Lixhe (Bélgica) el proyecto LEILAC prueba la técnica de la separación directa para captura el CO2 emitido durante la producción del hormigón. Crédito: HeidelbergCement Group.

En Europa existen diferentes proyectos de investigación como CEMCAP, LEILAC o ELEGANCY. En Suecia, la empresa Stockholm Exergi AB inauguró en diciembre de 2019 la primera planta piloto de captura de CO2 en una central de cogeneración con biomasa como combustible renovable. En principio este concepto lograría eliminar CO2 de la atmósfera. En Noruega está el proyecto Norwegian Full-Scale, que propone una red de infraestructuras para la captura de CO2 industrial con la intención y la capacidad de almacenar emisiones provenientes de industrias del resto de Europa. Si el gobierno noruego da luz verde al proyecto próximamente, se planea que la infraestructura esté operativa a partir de 2023.

¿Cómo se realiza la captura de dióxido de carbono?
Hay un amplio abanico de tecnologías que permiten capturar el dióxido de carbono y que están en varias fases de desarrollo tecnológico. En la actualidad, la que tiene el mayor nivel de madurez es la tecnología de postcombustión por absorción. El CO2 es capturado por un líquido que tiene la capacidad de absorberlo a través de un proceso químico. Esta tecnología ha sido probada e instalada a escala comercial en múltiples industrias en todo el mundo.

¿Qué formas existen de transportarlo?
Las industrias que emiten CO2 a gran escala raramente se encuentran cerca de las formaciones geológicas donde se puede almacenar y, por lo tanto, es necesario transportarlo. Destacan tres formas de hacerlo: red de tuberías, barcos y camiones con bajas emisiones. El transporte por camiones es el más caro y el que permite transportar menores volúmenes de CO2. Aún así es una opción flexible que podría ser interesante para aquellos puntos de emisión pequeños. La forma más barata y efectiva de transportarlo es a través de una red de tuberías, aunque requiere gran inversión en infraestructuras. El uso de barcos sería una opción flexible a corto plazo, interesante cuando el CO2 se transporta a grandes distancias, pero se necesita el acceso a un puerto.

Estructuras existentes como los gasoductos están siendo utilizados para el transporte de dióxido de carbono de manera separada, como en el proyecto Snøhvit en Noruega. Crédito: Equinor.

¿Después cómo se almacena?
El CO2 capturado se puede almacenar en el subsuelo a una gran profundidad, en principio, de forma permanente y segura. El dióxido de carbono se inyecta, por ejemplo, en formaciones rocosas porosas. Estas pueden ser acuíferos salinos o bolsas de petróleo y gas que ya se han explotado. Al ser inyectado a gran profundidad, se comporta como un líquido. Las tecnologías de almacenamiento se han probado en varios proyectos, como el proyecto Snøhvit en Noruega, que lleva más de 20 años almacenando CO2.

¿Cuáles son las limitaciones para que estos proyectos triunfen de forma masiva?
Las principales barreras son los costes de la captura y la necesidad tanto de reducir los riesgos de implementar estos proyectos como de lograr que se implementen a gran escala. Es decir, que muchos procesos apuesten por estas tecnologías para poder conseguir emisiones netas nulas. La tecnología está disponible, lo necesario es aplicarla en varios proyectos a escala comercial en Europa para poder seguir reduciendo costes.

¿El futuro pasa por eliminar por completo las emisiones de dióxido de carbono o por saber cómo reutilizar el CO2?
Si se aplica a la escala necesaria y con la rapidez suficiente, la captura y almacenamiento de CO2 puede ser una herramienta efectiva en la transición hacia una sociedad descarbonizada. La reutilización del CO2 puede ayudar en ciertos casos para generar modelos de negocio en los primeros proyectos y desarrollar un ecosistema en torno a la gestión del CO2, pero solo el almacenamiento permanente de CO2 sería realmente efectivo en la lucha contra el calentamiento global y el cambio climático. Un mundo libre de carbono en el futuro es posible, pero la captura y almacenamiento de CO2 nos permitiría ganar tiempo en la transición a un sistema energético sostenible, donde las renovables y otras tecnologías neutrales o positivas con el clima puedan cubrir las necesidades de nuestro estilo de vida.

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