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¿Por qué va a ser tan difícil volver a la Luna?

En el años que se celebra el 50 aniversario de la llegada del hombre a la Luna da comienzo una nueva carrera espacial por la conquista del satélite. La NASA se prepara para una nueva misión tripulada para 2024 que, no obstante, aún debe superar importantes obstáculos como la financiación o la tecnología necesaria para hacer realidad este viaje.

 

 

 

 

Desde 1972 ninguna misión tripulada ha vuelto a la Luna. Ahora la NASA se prepara para una nueva carrera que pretende conquistar el satélite en 2024. Crédito: NASA

 

FRANCESCO RODELLA | Tungsteno

La NASA quiere liderar una nueva misión espacial tripulada a la Luna. Y hacerlo pronto: este año, coincidiendo con el 50 aniversario del primer paseo de un astronauta en la superficie del satélite,el presidente de los EEUU pidió que el viaje, planeado en un principio para 2028, se adelantara a 2024. ¿Se trata de un reto asumible? ¿Qué obstáculos hay que superar? ¿Y qué beneficios nos daría esta hazaña, en vistas del cuantioso presupuesto requerido para ella? En el sector hay opiniones encontradas. Y las dudas que están sobre la mesa no se refieren solo a aspectos científicos y tecnológicos, sino también a políticos.

 

“Yo creo que sí se puede”, asegura Ryan Watkins, científica especializada en el estudio de la Luna del Planetary Science Institute, institución sin ánimo de lucro de Estados Unidos. En su opinión, sin embargo, la misión será posible solo si se dan dos condiciones fundamentales: “obtener la financiación necesaria pronto” y “acelerar el desarrollo de las tecnologías”. La primera de estas dos claves depende del Congreso de EEUU; la segunda, de la NASA y sus socios internacionales (entre ellos, la Agencia Espacial Europea y varias empresas privadas). Para Watkins, vale la pena ponerse las pilas. “Hay muchas preguntas sin respuesta sobre la Luna que solo se pueden contestar desde su superficie, y no hemos vuelto allí desde hace 50 años”, afirma en referencia al programa Apolo, que llevó a astronautas estadounidenses a la Luna en seis misiones entre 1969 y 1972. “Ya es hora de que regresemos”, sostiene la investigadora.

 

La NASA presenta el programa de retorno de seres humanos a la Luna —bautizado Artemisa, como la diosa hermana melliza de Apolo en la mitología griega— como una misión con tres objetivos principales: investigar su naturaleza para “entender mejor el universo y nuestro planeta”; acceder a recursos presentes en el satélite, por ejemplo el hielo, para medir la capacidad humana de crear entornos habitables fuera de la Tierra; y, sobre todo, hacer ensayos en preparación de un viaje tripulado a Marte.

 

Respecto a los interrogantes que aún quedan por contestar sobre el satélite en sí, la agencia espacial estadounidense indica que una de las ideas principales es explorar (también con al menos una mujer) las regiones de su Polo Sur, todavía no alcanzadas por astronautas. “Traer muestras desde allí nos permitirá responder a preguntas científicas clave sobre su formación y evolución”, explica Watkins.

Además de los aspectos tecnológicos, el éxito de la nueva misión tripulada a la Luna depende de la financiación y del contexto político. Crédito: NASA

Una cuestión de dólares y escaños

Pero los obstáculos que quedan por superar antes de volver a pisar la Luna son numerosos y arduos. Entre ellos, está la cuestión económica. En junio, Jim Bridenstine, político republicano y actual administrador de la NASA, dijo a CNN que para sostener los costes del programa Artemisa serían necesarios entre 20.000 y 30.000 millones de dólares en cinco años, es decir, entre 4.000 y 6.000 millones por año. El mes anterior, Trump había presumido de que iba a pedir 1.600 millones para sumar al presupuesto de la NASA de 2020. El Congreso de EEUU todavía no ha aprobado esta partida adicional. Y la agencia espacial, mientras tanto, ha insistido en que hace falta más dinero.

La ejecución del programa dependerá también de la voluntad de quien esté al frente de la Casa Blanca en los próximos años. Antes de 2024, puede haber cambios: Trump está en el centro de una investigación en el Congreso por supuesto abuso de poder que podría llevar a su destitución, y el año que viene tendrá que volver a ganar las elecciones presidenciales para obtener un segundo mandato. En el pasado ya se vio que las políticas espaciales de un presidente no siempre corresponden a las de su antecesor. El demócrata Barack Obama, por ejemplo, tiró abajo un proyecto de regreso a la Luna impulsado por el republicano George W. Bush.

Importantes aspectos tecnológicos imprescindibles para la vuelta a la Luna están aún en desarrollo, como la nave que transportará a los astronautas, Orion (en la imagen). Crédito: NASA.

Retos tecnológicos

Quedan además varios aspectos tecnológicos fundamentales por aclarar. Entre ellos, cómo se pretende viajar a la Luna. “En este momento no existe ninguna nave, ningún cohete que permita ir allí”, asegura Rafael Clemente, primer director del Museu de la Ciència de Barcelona (ahora CosmoCaixa) y divulgador científico especializado en temas espaciales. La NASA está desarrollando para ello un cohete llamado Space Launch System, pero aún no lo ha testado en vuelo en el espacio ni se sabe aún exactamente cuándo lo va a hacer.

La nave que transportará a los astronautas al satélite, llamada Orion, está en fase de desarrollo avanzada, pero su primer test con tripulación no ocurrirá antes de 2022, según los planes actuales. Y aún falta una pieza importante en este puzzle: una estación espacial que debería girar alrededor de la Luna para permitir una presencia humana estable en su órbita y, desde allí, el desembarque de los astronautas en su superficie una vez que hayan alcanzado las cercanías de este cuerpo celeste desde la Tierra. Esta base aún no está construida; lo que se sabe es que en el proyecto para hacerla realidad participará la Agencia Espacial Europea.

Una ayuda para avanzar con el plan de Trump, que ha despertado alguna perplejidad también en el seno de la propia NASA, podría llegar de compañías privadas. Entre ellas está SpaceX, del visionario y millonario Elon Musk, que ya hizo tests con un cohete diseñado para transportar a humanos en el espacio y quiere también hacer aterrizar una nave espacial sin tripulación en la Luna antes de 2022 y con humanos “poco después”. O Blue Origin, compañía del fundador y CEO de Amazon Jeff Bezos, quien se propuso para ayudar al Gobierno estadounidense a realizar su ambicioso programa espacial y quiere poner a disposición un aterrizador lunar.

Clemente cree que justo en la participación privada podría estar la clave de un programa exitoso. “Si yo tuviera que apostar por alguien, lo haría probablemente por las empresas privadas”, asegura, antes de agregar que ve en el desarrollo del turismo espacial uno de los posibles motivos de atracción de la industria del sector por las misiones lunares. Mientras tanto, además de la NASA, también China trabaja para hacer posible un nuevo aterrizaje de un ser humano en el satélite. Las carreras espaciales, recuerda el divulgador, también son una cuestión de “prestigio nacional”.

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