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¿Podemos evitar los grandes apagones?

El sistema eléctrico debe funcionar en tiempo real, equilibrando la energía que produce con la demanda existente para evitar colapsos.Crédito: Raul Varzar.

FRANCESCO RODELLA | Tungsteno

La mañana del domingo 16 de junio, Silvia Legler, argentina de 54 años, encendió la luz al despertarse. No funcionaba. Le pareció extraño, y preguntó a su hermana Laura si había electricidad en la ferretería que regentan juntas en Pinamar, a cuatro horas de Buenos Aires. Ella le contestó que faltaba en todo el país. “Pensé que me tomaba el pelo. Nunca había pasado algo así”. Efectivamente, ese día la casi totalidad de Argentina, Uruguay y algunas zonas de Paraguay sufrieron un apagón general del que tardaron horas en recuperarse. ¿Por qué pasó algo así? ¿Podría ocurrir lo mismo en otros países? ¿Estamos preparados ante esa eventualidad?

El Gobierno argentino, cuyo secretario de Energía Gustavo Lopetegui definió el mismo día el apagón como un “evento extraordinario que no debería ocurrir y no debería volver a ocurrir”, no lo tuvo fácil para dar explicaciones. Lo hizo finalmente el 3 de julio, cuando Lopetegui aseguró en el Senado que el sistema eléctrico nacional colapsó por una cadena de fallos, que se produjo a lo largo de 30 segundos a las 7:06 de la mañana, hora local. Para que la situación volviera a la completa normalidad, fueron necesarias más de 14 horas.

La responsabilidad principal, según la reconstrucción del Gobierno reportada por los principales diarios de Argentina, La Nación y Clarín, fue de Transener, la empresa medio privada y medio estatal que se encarga del transporte de la energía. Hubo un cortocircuito en una línea concreta de la red, lo que provocó un desequilibrio entre la demanda de ese momento (que ya estaba baja por ser un domingo a la mañana) y la cantidad de energía producida. En ese momento, ocurrió un error técnico del transportista que impidió limitar adecuadamente esa descompensación. Y así se ocasionó el apagón, según concluyó.

Sin embargo, agregó Lopetegui, el fallo tendría que haber afectado solo una parte de la red, y si se extendió a toda Argentina (con la excepción de algunas áreas del extremo sur) y más allá, fue porque hubo otros posteriores debidos a actuaciones incorrectas de algunos generadores y de la mayoría de las distribuidoras. El daño provocado afectó a millones de personas.

Los sistemas eléctricos deben prever los eventuales aumentos de la demanda por el crecimiento de las tecnologías digitales. Crédito: American Public Power Association.

¿Estamos todos expuestos a un apagón tan brutal?

Manuel Alcázar, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, explica que en el origen de todo está la necesidad de que el sistema eléctrico siempre funcione en tiempo real, es decir, que la energía producida en un determinado instante corresponda exactamente a la demanda de consumo en ese momento. Eso se debe principalmente a que la tecnología actual no permite “almacenar electricidad en grandes cantidades de forma barata”, argumenta.

El equilibrio tiene que ser constante. “En el momento en que se produzca una situación anómala en esa coordinación, puede haber un problema”. Para evitar inconvenientes graves, mantiene, los sistemas eléctricos suelen basarse en un criterio “de redundancia”. Es decir, siempre tienen al menos un elemento de más, que hace que si un componente —un generador o una línea de transporte, por ejemplo— falla, el resto de la infraestructura pueda seguir funcionando.

“Al parecer, en Argentina una de las líneas estaba desconectada por razones de mantenimiento. No tuvieron la precaución de reconfigurar los sistemas de protección de manera acorde. Y al no tener esa redundancia, en cuanto falló otro elemento se desencadenó el problema”, analiza Alcázar. En su opinión, parte de la responsabilidad también es del Gobierno, que regula la red. “Probablemente no ha contemplado todas las eventualidades posibles”, considera.

Una red de transporte energético mallada así como una estructura no dependiente de unas pocas centrales eléctricas limitan la posibilidad de un apagón. Crédito: American Public Power Association.

El secreto está en tener una red interconectada y mallada

Tanto él como Santiago Arnaltes de la Universidad Carlos III de Madrid, coinciden en que si bien la posibilidad de que se produzca un apagón no se puede excluir al 100%, es difícil que en España pase algo parecido. Alcázar hace hincapié en que la red de transporte energético española está muy mallada, lo que conlleva que “si hay un problema para que la energía llegue a los consumidores por un sitio, siempre va a existir un camino alternativo”, y que existan “muchos escalones de seguridad”. Su compañero subraya que “los operadores de la red son entrenados frecuentemente para reponer el sistema en el menor tiempo posible en el caso de un apagón”.

Los dos expertos explican que otro punto fuerte es que el sistema español no depende de pocas grandes centrales eléctricas, como sí ocurre en Argentina, sino que está interconectado con el del resto de Europa. “Si hubiera un problema aquí, rápidamente se tiraría de la interconexión con Francia. Por lo tanto, otros países de nuestro entorno podrían ayudarnos a resolver una situación imprevista”, asegura Alcázar. Para Arnaltes, proteger esa característica es fundamental. “Una de las contingencias más severas para España sería la pérdida de la interconexión con el resto del sistema europeo”, dice.

Ambos creen que los operadores de la red están preparados también ante un eventual aumento de la demanda por el crecimiento de sectores como las tecnologías digitales. “La planificación del sistema prevé el incremento de demanda en diferentes horizontes temporales. No es plausible un error de cálculo que minimice ese crecimiento”, considera el docente de la Carlos III. Alcázar, por su lado, destaca que se están estudiando posibilidades para que la demanda sea sostenible también a largo plazo, por ejemplo con la búsqueda de mayor eficiencia energética y de un papel más activo y responsable por parte de los consumidores.

Tampoco asustan demasiado posibles amenazas cibernéticas a sistemas cada vez más automatizados e inteligentes, según estos expertos. “La ciberseguridad es una cuestión trascendental hoy en día”, comenta Arnaltes. “Y las compañías eléctricas se toman muy en serio este asunto. Me atrevería a decir que los ataques cibernéticos tienen muy pocas probabilidades de éxito”, concluye.

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