angle-left "Las empresas y las ciudades deben adaptarse al futuro al tiempo que conviven con su legado histórico"
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"Las empresas y las ciudades deben adaptarse al futuro al tiempo que conviven con su legado histórico"

Foto: Paul Beswick es socio y Director Global de Oliver Wyman Labs. Crédito: Oliver Wyman Labs.

Por Patricia R. Guevara

El Director Global de Oliver Wyman Labs, Paul Beswick, compara el reto de la planificación urbana con la transformación digital de las empresas, y plantea tres estrategias para adaptarse a las nuevas necesidades y tecnologías sin perder la esencia ni paralizar la actividad

Si cree que una gran ciudad y una gran empresa no tienen nada en común, se equivoca. O al menos así lo cree el investigador y especialista en retail Paul Beswick, quien considera que los retos de la planificación urbana del siglo XXI son similares a los de la transformación digital de las grandes corporaciones. "Una urbe tiene que hacer lo mismo que una empresa: adaptarse al futuro, pero a la vez convivir con su legado histórico", señala Beswick, quien es socio y Director Global de Oliver Wyman Labs.

El experto ha encontrado tres estrategias diferentes en las que puede inspirarse una compañía para iniciar su proceso de transformación basadas en tres famosas megaurbes: Shanghái (China) y su centro financiero adyacente al casco histórico; Dubái (Emiratos Árabes Unidos) y su icónica Emirates Office Tower; y Boston (Estados Unidos) y su famoso proyecto Big Dig. Tres referentes urbanos en los que pueden inspirarse tanto las empresas como otras ciudades.

¿En qué se parece la transformación digital al proceso de urbanización de una ciudad?

En que es más sencillo crear algo nuevo, moderno y digital cuando comienzas a partir de un folio en blanco, como lo hace por ejemplo una start-up, que cuando esta transformación tiene que realizarse mientras se está rodeado de un legado de tecnologías y sistemas de hace 20 o 30 años. Se trata tanto de construir el futuro como de averiguar cómo integrarlo al pasado. Aquí es donde entra la analogía del plan de urbanismo de una ciudad, porque es justo lo que una urbe tiene que hacer: adaptarse al futuro, pero a la vez convivir con el legado histórico de la ciudad, con todas las decisiones urbanísticas que se han tomado en el pasado. Lo complejo es adaptar a la vez esa herencia acumulada.

Para deshacerse de ese problema, ¿es mejor empezar desde cero? ¿Qué ciudad es un ejemplo de este tipo de estrategia?

Para muchas empresas es demasiado difícil intentar abordar la parte antigua de sus negocios. En otros, casos llega un momento en el que el legado se atrofia y pierde toda su relevancia. Así que muchas compañías intentan construir start-ups y versiones digitales de sí mismas. Esto se ve especialmente en telecomunicaciones y en banca, y cada vez más en los servicios públicos, donde las organizaciones han concluido que resulta más fácil empezar de cero y construir ese negocio de nuevo con herramientas digitales nuevas.

Este es el caso de Shanghái, que decidió construir una nueva Shanghái adyacente al casco histórico de la ciudad para albergar su centro financiero. Así evitaba tener que preocuparse de que lo nuevo funcionara en medio de los sistemas tradicionales. Esta zona se conoce como la Nueva Área de Pudóng y es la sede de la Bolsa de Shanghái, entre otros edificios económicos. Creo que el enfoque de Shanghái puede tener un impacto muy rápido, pero para las empresas el gran interrogante es si lograrán despojarse finalmente de esos sistemas heredados. ¿Llegará el banco nuevo a absorber al banco antiguo hasta que desaparezca? Si no, las compañías acabarán con dos infraestructuras diferentes que tendrán que operar en paralelo, aumentando así la complejidad de su negocio a largo plazo y pudiendo perder el norte.

Los edificios Oriental Pearl Tower, el Jin Mao Tower y el Shanghai World Financial Center conforman el ‘skyline’ más famoso de Shanghái, símbolo de su desarrollo económico.

¿Esta estrategia ayuda de alguna manera a que las empresas más antiguas puedan competir con start-ups?

En algunos sentidos representa una manera rápida de tener un impacto rápido. Aunque también puede conseguirse con la estrategia de Dubái.

¿En qué consiste?

Sus proyectos de gran impacto han contribuido notablemente en convertir a Dubái en un foco de innovación urbanista, y han impreso una huella mundial. La ciudad es considerada vanguardista, moderna y ambiciosa. Por ejemplo, la Emirates Office Tower fue uno de los primeros rascacielos de esta transformación. Esta estrategia de levantar edificios emblemáticos y generar un gran impacto en la ciudad tiene una analogía en las empresas. Muchas adoptan este enfoque: no pueden transformarlo todo, pero lo que sí pueden hacer es centrarse específicamente en las cosas que ve el cliente, crear nuevas experiencias digitales y ocultar que, entre bambalinas, no se han abordado muchos de los problemas heredados. Esta estrategia también aporta otras muchas cosas: un impulso inicial que les permite ahondar más en sus transformaciones digitales, éxitos tempranos y victorias rápidas, y el apoyo organizativo necesario para abordar otros cambios.

Dubái cuenta con el edificio más alto del mundo; islas artificiales, como las islas Palm y The World (en la imagen); y el mayor parque temático cubierto del planeta, IMG Worlds of Adventure.

¿Es entonces crucial parecer innovador aunque no lo seas?

En muchas empresas es importante parecerlo y mostrar que no te estás quedando rezagado con respecto al resto del mundo. Es una de las maneras de ganar velocidad y asegurarse de que los recursos limitados de la empresa se destinan a cosas que tienen más impacto, pero que no abordan necesariamente algunos de los problemas de los sistemas subyacentes, que no son tan visibles. La estrategia urbanística identificada con Boston en el proyecto del Big Dig es un ejemplo: trabajar en algunos de los obstáculos más simples, como la velocidad; identificar los cuellos de botella y las cosas que complican los procesos; y librarse de ellos para acelerar una ciudad o una organización.

¿Por qué es un hito urbanístico ese proyecto?

El Big Dig [La Gran Excavación, en español] fue un gran proyecto urbanístico que soterró la autovía principal que cruzaba la ciudad, que era muy lenta y causaba atascos. La ejecución de la obra fue difícil y mucha gente cuestionaba la cantidad de dinero que se estaba invirtiendo en ella y los beneficios que iba a generar. Pero, con el tiempo, sin duda ha tenido un efecto transformador en la eficacia de los traslados dentro de la ciudad, del uso de estos espacios y del funcionamiento del núcleo urbano.

En este caso, la analogía para empresas es abordar algunas de esas cosas que en cualquier organización complican todos los proyectos nuevos y los hacen más difíciles de ejecutar. Se trata de eliminar obstáculos que limitan la velocidad y la agilidad de la organización. La gran dificultad es que en estos enfoques el vínculo directo entre ese proyecto y el retorno financiero que generará resulta mucho más difícil de trazar.  Pero los beneficios son más duraderos y, el potencial a largo plazo, mayor; como ocurrió en Boston.

¿Qué sucede en los megaproyectos como la construcción de ciudades olímpicas?

Las ciudades olímpicas son un buen ejemplo de proyecto emblemático que crea un gran impacto en todo el mundo. Algunas ciudades utilizan los juegos olímpicos como un catalizador de transformación de sus espacios, edificios, infraestructuras y áreas; para otras, se convierten en juguetes rotos: se promocionan mucho y luego se abandonan. Para las compañías, sucede lo mismo con las grandes inversiones en proyectos de transformación digital: son grandes escaparates durante un tiempo, pero a menudo no alcanzan su potencial completo a largo plazo. Las empresas deben ver estas inversiones como una oportunidad y aprovecharlas, no cometer los mismos errores que algunas ciudades olímpicas.

¿Qué aconsejaría a las empresas que quieren actualizarse pero que, como una ciudad, no pueden parar su maquinaria?

Las animaría a no pensar en la transformación digital y en su mejora diaria como cosas diferenciadas, sino a afrontar ambas cosas a la vez. Mi consejo es usar cada nuevo proyecto como una excusa para construir arquitecturas de sistemas a largo plazo, y usar unos como catalizadores de otros. De todo trabajo debe derivarse una transformación digital que allane el camino y que haga la siguiente ronda de proyectos más fáciles. Por ejemplo, algo tan sencillo como crear una arquitectura basada en Microsoft que se pueda reutilizar genera un gran impacto. Volviendo a pensar como un urbanista, en la práctica a menudo se necesita una combinación de las tres estrategias de Dubái, Shanghái y Boston.

Además de inspirar a empresas, ¿cómo pueden estar tres ciudades ser ejemplo para la transformación digital de otras urbes?

Al igual que sucede en las grandes corporaciones, en las ciudades es muy difícil aprovechar todo el potencial que las nuevas tecnologías ofrecen porque suele haber prioridades más urgentes, aunque sean menos importantes. Para que una ciudad tenga éxito en su transformación digital necesita dos cosas: marcarse una visión ambiciosa a largo plazo con un objetivo que merezca la pena y que implique un cambio significativo; y, sobre todo, comenzar con el proceso. Dubái, Shanghái y Boston ejemplifican que, para conseguir esa transformación, y erigirse y mantenerse como una ciudad alfa, es necesario tener una visión realista. Las ciudades que triunfan a largo plazo no son las que utilizan enfoques rápidos o fáciles, sino las que se fijan un objetivo ambicioso y trabajan incansablemente para lograrlo.

 

Fuente:

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