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¿Cómo piensa un coche autónomo?

El Firefly 1 es la propuesta de vehículo completamente autónomo de Waymo (Google). Crédito: Waymo.

 

FRANCESCO RODELLA | Tungsteno

Pensar que en un futuro podamos viajar en coches que circulan por sí solos puede entusiasmarnos o darnos vértigo. Los hay optimistas que ven este futuro muy cercano, como el fundador de Tesla, Elon Musk, y otros más prudentes que no lo consideran un escenario realista, o lo ponen en tela de juicio tras los últimos accidentes fatales registrados. Lo que está claro es que las marcas van incorporando cada vez más funcionalidades inteligentes en sus nuevos modelos. ¿Cómo funciona el cerebro artificial necesario para ponerlas en marcha?

El estado del arte de la automatización en los automóviles

Según la clasificación internacional más común, hay seis niveles de automatización de un automóvil: el 0 indica vehículos sin autonomía ninguna; el 5 se refiere a coches capaces de moverse sin intervención humana en cualquier circunstancia. Entre los dos extremos encontramos distintos puntos intermedios.

Empresas como Waymo, perteneciente a Google, ya realizan tests con vehículos de nivel 4 (conducción autónoma completa en áreas restringidas) y 5. Por lo general, los expertos coinciden en que en el mercado se pueden encontrar sistemas inteligentes consolidados correspondientes al nivel 2, que cumplen autónomamente más funciones a la vez, aunque requieren del control del conductor en todo momento. Un ejemplo es el Nissan Propilot, incorporado en algunos modelos recientes, un asistente a la conducción en autopista que se encarga de mantener una velocidad y una distancia de seguridad establecidas o evitar desvíos de carril en determinadas condiciones de circulación.

También se habla de sistemas de nivel 3 (capaces de conducir el coche autónomamente en determinados contextos). Así ocurre con el Audi AI traffic jam pilot, diseñado para ser integrado inicialmente en el nuevo A8, presentado como el primer sistema que “puede encargarse de las tareas que requiere la conducción en situaciones de tráfico denso en autopista a velocidades de hasta 60 km/h”.

El Audi AI traffic jam pilot es el primer sistema del mundo que permite una conducción automatizada de nivel 3. Crédito: Audi.

El cerebro de los coches

Antonio Masegosa, investigador de Ikerbarsque y de la Universidad de Deusto, sostiene que la automatización de un vehículo se obtiene gracias a cuatro elementos principales: actuadores que controlan componentes como el volante, el freno o el acelerador; sensores que permiten percibir el entorno (sobre todo cámaras y radares); mapas con un alto grado de detalle; y un sistema de control de todo lo anterior.

Sobre todo en este último aspecto, explica Masegosa, la inteligencia artificial juega un papel “fundamental”. Esta tecnología permite al coche saber “qué objetos están a su alrededor y si pueden representar un obstáculo”, así como reconocer “una señal o un semáforo”, a través de las informaciones que recibe de los sensores.

En segundo lugar, agrega el investigador, la IA se preocupa de otra cuestión imprescindible: predecir lo que puede pasar. “Cuando conducimos, hacemos pequeñas predicciones, por ejemplo si otro vehículo va a girar a la izquierda o no. La IA hace lo mismo”. Gracias a estas habilidades, el sistema central del coche autónomo será capaz de tomar decisiones por nosotros, concluye.

Unos pasos más allá gracias al deep learning

Un ulterior impulso hacia la conducción autónoma, asegura Masegosa, llega gracias al deep learning. “Antes había que programar cada una de las posibles casuísticas que pudieran ocurrir y las decisiones que tendría que tomar el coche”, explica. “Con esta tecnología, se consigue que el vehículo sea capaz de aprender por sí solo cómo debe comportarse en cada situación en base a la información que recibe”.

Algunas compañías aprovechan situaciones de conducción real para recoger información sobre el comportamiento de vehículos y usuarios. Como Waymo, cuyos coches autónomos han recorrido ya más de 10.000 millones de millas en carreteras de EE UU, o Tesla, que integra en sus coches un sistema de “autopiloto” (que de momento no alcanza el nivel 5) cuyo software es capaz de mejorar sus propias prestaciones en base a los datos recolectados. En noviembre pasado la compañía de Musk anunció que sus vehículos ya habían recorrido 1.000 millones de millas con este sistema activado.

Los nuevos Tesla incorporan un hardware de piloto automático que permite que el coche gire, acelere y frene automáticamente dentro del carril. Crédito: Tesla.

Un gran potencial para explorar

Masegosa cree que la principal ventaja de la automatización del coche es el potencial para garantizar mayor seguridad. “Los vehículos autónomos pueden observar a 360º cuál es su entorno, percibirlo en todo momento, y saber qué van a hacer los demás usuarios de la carretera. Además, nunca se distraen”, mantiene. También mejorará la experiencia de viaje. “Permitirán emplear el tiempo en labores más productivas que el conducir”.

Otro beneficio esperado es la mayor eficiencia en términos energéticos y medioambientales. “La inteligencia artificial tiene el control completo del coche”, asegura Masegosa. “Será capaz de aprovechar al máximo la energía y, por lo tanto, reducir consumo y emisiones”. Los vehículos sin conductor, en su opinión, pueden representar también una nueva oportunidad para la movilidad para colectivos vulnerables, como las personas mayores o con discapacidad, o con escasos recursos. “En los servicios de taxi, sin el coste para el conductor, el precio podría abaratarse hasta de la mitad”, argumenta.

Para que veamos circular coches completamente autónomos queda tiempo todavía. El cuánto es objeto de un amplio debate en el sector. Según Masegosa, entre los aspectos más complejos de trabajar están la capacidad de la IA de manejarse en entornos sin señalización clara o mapas detallados, como las zonas rurales, y la de prever eventos esporádicos, por ejemplo a la hora de interactuar con coches conducidos por humanos.

En cualquier caso, no parece que esta carrera vaya a interrumpirse, al menos de acuerdo con la hoja de ruta marcada en marzo por el European Road Transport Research Advisory Council. La organización impulsada por la Comisión Europea prevé que entre este año y 2022 lleguen al mercado modelos con distintos sistemas de nivel 3 y, a partir de 2024, también de nivel 4. Aunque prefiere no mojarse en la previsión de cuándo habrá coches que ya no nos necesiten para nada a la hora de moverse.

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