Innovación

Trajes robóticos para hacer de la construcción un negocio más eficiente y seguro

Foto: El proyecto europeo Robo-Mate desarrolla un exoesqueleto centrado en la carga de peso en trabajos manuales. Sin alimentación externa, está pensado para apoyar el cuerpo en cargas de unos 15 kilos. Crédito: Robo-Mate.

Los exoesqueletos pueden aumentar las capacidades de los obreros y mejorar su salud, aunque todavía son caros y poco útiles.

 [hr style=”1,2,3,4″ margin=”40px 0px 40px 0px”]

Por Jose Carlos Sánchez

Un obrero comienza su jornada. Coge su casco reglamentario, desenchufa su exoesqueleto de la corriente y se lo pone. Acoplado a su cuerpo, este ‘traje’ a medio camino entre una prenda de ropa y un robot, le permite levantar cargas enormes sin apenas esfuerzo, mejorar su postura, ser más ágil y cuidar de su salud. Al terminar su jornada, se lo quita, lo vuelve a conectar a la corriente y lo guarda. Hasta el día siguiente, cuando vuelva a ‘vestir’ su traje robótico.

Aunque esta situación aún no ocurre, estas prendas robóticas todavía en desarrollo están avanzado cada vez más deprisa y ya existen algunos modelos funcionales. La idea a priori es simple: aumentar la potencia de un ser humano a través de estructuras y actuadores que redistribuyan el peso y la fuerza de una persona al moverse. No crean superhéroes, pero sí que ayudan a que un soldado levante 40 kilos de peso con agilidad, e incluso logran que personas con problemas de movilidad vuelvan a caminar. En el sector de la construcción, permitirían que los trabajadores se lesionaran menos y pudieran mover mayores cargas.

Entre los posibles ejemplos, la compañía nipona Cyberdine comercializa HAL (Hibrid Assistive Limb en inglés), un exoesqueleto centrado en la asistencia a personas mayores pero que también tiene versiones aún sin comercializar para la industria y los trabajos pesados. Otro de los ‘nombres propios’ de los exoesqueletos es MAX (Muscle Agile Exoeskeleton en inglés) de la empresa estadounidense SuitX. Según la compañía, reduce un 50% la fuerza necesaria para realizar tareas como soldaduras.

Pero HAL y MAX no son los únicos. Hay muchas posibilidades, con carga energética que asisten al movimiento de forma activa y también los que se basan en la mecánica para ayudar de forma pasiva. También exoesqueletos que combinan vehículos robóticos con grandes brazos para levantar cerca de 180 kilos (el Guardian GT-Big Arm de Sarcos) e incluso a caparazones para proteger las lumbares como los de ActiveLink para tareas repetitivas.

Para el catedrático de robótica de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) Luis Moreno la lógica de los exoesqueletos es la misma que la de la robótica en general: ante una necesidad se desarrolla el aparato que la solucione, y su solución puede ser aplicada a otra necesidad similar. La mecánica que permite a una persona levantar sin esfuerzo a un paciente puede adaptarse para levantar una viga.

Caros y poco útiles (de momento)

Los exoesqueletos son por tanto la versión más realista de Iron Man. Sin embargo, pese a las demostraciones tan visuales de algunas empresas, la comercialización masiva de los exoesqueletos, tanto de trabajo como médicos, está lejos. Moreno afirma: “Todavía vamos al límite con la tecnología y son bastante ortopédicos”. El investigador está especializado en exoesqueletos para personas con problemas de movilidad –el campo con más proyección- y considera que la de los exoesqueletos “es una robótica un poco rara, diferente, porque además de todos los elementos mecánicos y electrónicos habituales de la robótica también tienes que contar con una persona que lo lleva”.

Luego está el problema de la autonomía y el peso. Los exoesqueletos que mayor potencia ofrecen, los activos, dependen de baterías para funcionar. Pero incorporar estas fuentes de alimentación aumenta su peso, lo que a su vez acaba en una demanda energética mayor, en una especie de círculo vicioso. “En una planta [industrial] puedes poner enchufes, pero trabajar en el exterior será más problemático”, explica Moreno. Su solución es que “o le pones un cable de 200 metros o una batería que pesa y además tiene una duración limitada”. El experto detalla que incluso en los exoesqueletos más ligeros, de unos 10 kilos de peso, el 20% de esa cifra puede ser culpa de la batería. Una situación que se complica más en usos industriales, donde las cargas a mover son mayores.

Esa es una de las razones para trabajar en exoesqueletos modulares. Manos, brazos y piernas son susceptibles de vestirse con prendas robóticas. Según el objetivo a cumplir, no haría falta cubrir por completo una persona para aumentar su potencia. Para manipular objetos podría recurrir a un guante robótico o a una especie de brazos extensores robóticos que sirvan de apoyo para los de la persona. El proyecto europeo Robo-Mate, por ejemplo, está desarrollando un exoesqueleto para asistir en la carga manual. Sin alimentación externa, está pensado para apoyar el cuerpo en cargas de unos 15 kilos.

El futuro de los exoesqueletos también necesita que sean más vestibles y flexibles para que las personas que los usen no parezcan robots torpes. Aligerar los materiales, mejorar los actuadores y el desarrollo de músculos artificiales más eficientes son algunas de las líneas que siguen hoy los laboratorios. Y aunque cada vez se diseñan exoesqueletos menos rígidos, el catedrático de la UC3M advierte que “lo que se ve en mercado suele ir unos 20 años por detrás de lo que hay en el laboratorio”.

El coste es otro de los impedimentos clásicos para la adopción de los exoesqueletos. El investigador y experto en interfaces cerebro-máquina de la Universidad Miguel Hernández de Elche (España) José María Azorín considera que es una tecnología “muy cara para llegar al usuario final de forma asequible”. El precio de un exoesqueleto varía, pero un modelo sencillo ronda a la baja los 9.000 euros, aunque lo normal es que cuesten ente 30.000 euros y 50.000 euros.

Aunque las demostraciones de los exoesqueletos son efectistas (Youtube está lleno de ellas) y parecen acercarse cada vez más a películas como Elysium o Avatar, el director del Grupo de Robótica de la Universidad de Zaragoza (España), Luis Montano explica que” tener una persona dentro de un robot aprovecha su inteligencia y su capacidad y versatilidad de movimientos para que [la máquina] no tenga que programarse”. Sin embargo, matiza que esto “también puede hacerse desde fuera, una persona puede moverse y el robot imitarla a distancia, algo que ahora mismo ya no supone ningún problema a nivel tecnológico”.

Según el experto, una de las funciones de la robótica es evitar que los humanos se enfrenten a situaciones peligrosas o repetitivas. Esta máxima va en contra de vestir con un traje robótico a una persona para que haga una tarea, por mucho más fácil que le resulte. Por ello, Montano cree que las mejores aplicaciones de los exoesqueletos serán en “situaciones imprevistas o entornos no controlados”. El experto concluye: “[Un exoesqueleto industrial] puede quedar muy bien para marketing pero luego hay que ver la aplicación con detalle, el ambiente en el que se aplica y si merece la pena o no”. Futuros cálculos que decidirán si llega ser un elemento más de la taquilla de un obrero junto a su casco reglamentario.

Fuente:

MIT

MIT Technology Review en español es la edición en castellano de MIT Technology Review, una revista publicada por Technology Review Inc., compañía independiente de medios de comunicación propiedad del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Fundada en 1899, es la revista sobre tecnología más antigua del mundo y la autoridad global en el futuro de la tecnología en internet, telecomunicaciones, energía, informática, materiales, biomedicina y negocios
Los contenidos bajo el sello MIT Technology Review están protegidos enteramente por copyright. Ningún material puede ser reimpreso parcial o totalmente sin autorización.

También podría gustarte

Sin Comentarios

Dejar repuesta