Una urbanización española como ‘un reloj suizo’ logra el platino en sostenibilidad

Una cooperativa autogestionada de 80 viviendas logra un certificado LEED Platino, la calificación más alta que otorga en términos de sostenibilidad y eficiencia el US Green Building Council.

Por Jose Carlos Sánchez

Resulta difícil imaginar medallas que sepan a más que el oro. Pero ahí está el platino. Hasta esa posición que va más allá del podio olímpico ha llegado el proyecto cooperativista de Arroyo Bodonal, un conjunto de viviendas construido en Tres Cantos (Madrid, España). Se trata del primero de su clase en conseguir (en junio de 2016) el certificado de construcción sostenible LEED Platino en Europa. Este distintivo representa la máxima calificación entregada por el Green Building Council en EEUU (USGBC, por sus siglas en inglés), un organismo privado que promueve la construcción sostenible.

El proyecto tricantino, que también cuenta con la calificación energética A, se suma así a la liga de edificios ‘validados’ como sostenibles. Aunque el LEED (del inglés Leadership in Energy and Environmental Design) es un certificado privado estadounidense, su uso está bastante extendido internacionalmente. También en Europa, donde no existe un sistema homogéneo. LEED certifica la eficiencia y sostenibilidad del proyecto en aspectos como el consumo energético, pero también en su relación con el entorno y el confort de los usuarios. En España, por ejemplo, existen otros 23 proyectos platino certificados, pero la gran mayoría son sedes empresariales, grandes tiendas y edificios singulares como universidades. Conseguirlo desde una cooperativa y en un proyecto de viviendas es lo que ha puesto a Arroyo Bodonal en el mapa.

Se trata de 8.018 metros cuadrados de parcela en una zona de nueva urbanización de Tres Cantos, 80 viviendas distribuidas en hasta siete alturas, ocho locales… Todo forma parte de un puzle pensado, diseñado y construido de cara a la eficiencia y la sostenibilidad desde hace más de 10 años. Las terrazas se utilizan como parasoles (el Sol incide a 73° en verano y 27° en invierno), la orientación del edificio está optimizada respecto al sol y las viviendas cuentan con suelos radiantes así como un sistema propio de ventilación para renovar el aire. Sin olvidar el blanco de la fachada, que evita el efecto isla de calor, las plantas de las zonas comunes que son de bajo consumo hídrico, y los electrodomésticos, todos de alta eficiencia.

Para el arquitecto responsable del proyecto y anterior cooperativista, Carlos Nieto, de Acre Arquitectura, se trata de un trabajo de “orfebrería”, un “reloj suizo”. “La sostenibilidad es pensar mucho, tener un know-how y saber cómo hacerlo”, explica. Según la ficha publicada por el USBGC, la cooperativa cuenta con 83 puntos de los 110 posibles, tres más del mínimo para lograr la acreditación máxima de platino. “Hay dos puntos que nos han penalizado mucho al ser un área de nuevo desarrollo”, explica Nieto. Por un lado, no poder contar con diez comercios abiertos alrededor (uno de los créditos del certificado) y por otro, el tema de las comunicaciones. “No teníamos en las proximidades una línea o dos de autobuses en los 400 metros a la redonda como nos pedían y conseguimos que el ayuntamiento nos la pusiera”, apunta. Y añade: “Son temas que escapaban a nuestro control”.

El encaje de todas las piezas se traduce, según la cooperativa, en un ahorro energético del 75,64% (unos 531.371 kilovatios-hora anuales) y una reducción de las emisiones de CO2 del 73,20% (121.485,7 kilogramos anuales), si se compara con un edificio convencional, según el Código Técnico de la Edificación de España. El ahorro baja en cambio si se compara con la normativa estadounidense, que lo estima en un 48%. Algo que atribuyen a la diferencia entre los edificios de referencia.

Parte de ese ahorro proviene de las ocho bombas de calor geotérmicas que, desde las entrañas del edificio, calientan y refrigeran tanto el agua como las casas. Estas roban y evacuan el calor a través de 47 captadores geotérmicos de 137 metros de profundidad. 445 kW de potencia geotérmica instalada. Para el responsable de mercado de nueva edificación de Vaillant y responsable de su instalación, Germán Almendáriz, “este tipo de tecnología ha sido la gran desconocida”. Sin embargo, explica, la aplicación de las economías de escala así como los avances tecnológicos en productos como las bombas de calor la convierten en una tecnología “muy atractiva” y “a tener en cuenta”.

Nieto por su parte, destaca que optaron por esta fuente energética para lograr la mayor independencia posible (no depende de la climatología como la solar, por ejemplo). Pero resalta que el ahorro no solo depende de este sistema sino de todo el conjunto (envolvente, materiales, orientación, etcétera).

Foto: Aspecto de las viviendas de Arroyo Bodonal durante la fase final de su construcción. Crédito: Cooperativa Arroyo Bodonal.

Foto: Aspecto de las viviendas de Arroyo Bodonal durante la fase final de su construcción. Crédito: Cooperativa Arroyo Bodonal.

Construir mentalidad sostenible

Aunque la fama ha tocado a la puerta de Arroyo Bodonal gracias al LEED, también demuestra el carácter excepcional que sigue teniendo la sostenibilidad dentro de la industria de la construcción. Algo que para el experto en LEED y miembro del equipo de edificación sostenible de Indra que asesoró a la cooperativa, Ignacio Lizasoain, está cambiando. El experto explica: “La conciencia de sostenibilidad ha ido incrementando sobre todo en cuanto a los promotores, que se han dado cuenta de que una verificación de la sostenibilidad por un tercero aumenta el valor del activo y mejora la rotación”.

En numerosas ocasiones desde el sector se alude al incremento presupuestario que supone lograr los estándares. En el caso de Arroyo Bodonal, y según información de la cooperativa, el coste adicional de haber logrado la máxima eficiencia energética ha sido de 500.000 euros. Un 7%, indica Nieto. Para él, lograr edificios sostenibles no es “necesariamente” más caro “si llevas muy pensado lo que quieres hacer desde el inicio”. Sostiene que si la eficiencia energética está bien planteada y ejecutada, “los sobrecostes en el valor de una casa no son apreciables. Otra cosa es si vas pidiéndolo sobre la marcha”.

El incremento del coste para lograr una certificación de este tipo, según Lizasoain, va desde el 0,7% para el caso más básico h hasta un 4% o 5% para obtener uno de tipo platino. Sin embargo, sostiene que no deja de ser una inversión de futuro y cuyo retorno se consigue, de media, en alrededor de tres años.

¿Habría sido posible construir un proyecto así fuera de una cooperativa? Nieto responde: “Hace dos o tres años te habría dicho que no, que era imposible. Pero es verdad que la crisis ha hecho que el sector se reoriente y que vea que o sigue en esta línea [la de la sostenibilidad] o está fuera del mercado”.

El arquitecto lo compara con el vehículo eléctrico. “Hace cinco o seis años, los de Tesla eran unos locos y nadie pensaba en hacer un coche eléctrico y ahora todos los grandes grupos preparan sus modelos para dentro de dos o tres años”, explica. Para el responsable se trata de “una tendencia imparable”.

Fuente:

MIT
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