“La sostenibilidad no es una etiqueta, es un valor añadido a la calidad de los edificios”

Dolores Huerta

La arquitecta Dolores Huerta coordina el Green Building Council en España, una organización que quiere transformar la industria de la construcción para hacerla más sostenible.

Por Jose Carlos Sánchez

La humanidad cada vez encuentra más estrategias para ser sostenible. Pequeños cambios en el día a día como cambiar las bombillas por LED y no dejar los dispositivos conectados en modo stand-by pueden contribuir al bienestar de toda la sociedad y del planeta. Pero la sostenibilidad también puede abarcarse a lo grande, y eso es precisamente a lo que se dedica el Green Building Council, un organismo internacional orientado hacer de la construcción un sector más sostenible a través de conceptos como los edificios de energía casi nula, la construcción ecológica y el bioclimatismo.

La secretaria técnica del Green Building Council en España (GBCe), Dolores Huerta, lo define como un lobby en pro de la sostenibilidad. Arquitecta de profesión, coordina las distintas áreas de trabajo dentro de la organización, que desde 2009 potencia la sostenibilidad en la construcción más allá del criterio energético. Para ello, empresas, centros de investigación y asociaciones profesionales se unen bajo el paraguas del GBCe para favorecer esta transición. Para ello lanzan proyectos como Build Upon y se sirven de herramientas de certificación como VERDE, que mide y pondera varios indicadores de sostenibilidad, y que equivale a las herramientas estadounidense y británica, LEED y BREEAM, respectivamente.

Últimamente se habla tanto de sostenibilidad que parece que ha perdido su significado. ¿Se ha convertido en un concepto vacío?

La sostenibilidad no solo es una palabra bonita, es una cualidad que se puede medir y prescribir. La gente cree que con herramientas como VERDE cuidamos el medio ambiente, pero sobre todo aseguramos el bienestar de las personas. No sólo medimos cosas como las toneladas de hormigón y el consumo energético, también distintos impactos como el consumo de agua, la biodiversidad, el confort, el ruido y los residuos. Y también medimos impactos sociales como la salud y la calidad del ambiente interior; y económicos, como la posibilidad de recuperar los materiales al final de su vida útil.

Una de los puntos de vista más frecuentes es que aunque la sostenibilidad está muy bien, es cara. ¿Qué ventajas ofrece frente al precio?

Un proyecto de uno de nuestros asociados logró la máxima calificación tanto en los certificados LEED como VERDE. El precio de construcción subió un 10%, pero los costes de mantenimiento bajaron mucho más. El mercado está cambiando. Espero que los consumidores comiencen a exigir calidad, que también es sostenibilidad.

Y la plusvalía verde cada es más frecuente, y permite alquilar edificios a mayor precio por su sello de sostenibilidad. También hay fondos de inversión como las Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión Inmobiliaria que sólo quieren edificios certificados. Lo sostenible deja de ser una etiqueta para convertirse en un valor añadido de edificios que tienen mejor calidad.

Además de ser un valor añadido, se espera los edificios de nueva construcción a partir de 2020 sean de consumo de energía casi nulo. ¿Cree que se cumplirá?

Aquí el Ministerio [de Fomento] ha optado por una implantación paulatina, porque de nada sirve poner una norma que no se pueda cumplir porque se la van a saltar. Ha definido unos indicadores que irán endureciendo. Pero yo pienso que hay que exigir un poco más. [En España] vamos a la cola en sostenibilidad frente a Europa. Ten en cuenta que lo que se construya hoy durará hasta 2100. Si no lo hacemos, en el futuro pensaremos, ¿si había capacidad técnica por qué no calcularon las cargas ambientales? Aun así, el edificio de consumo casi nulo es el que menos me preocupa. Se está construyendo tan poco que no afecta y el mercado lo va a hacer porque ya está en la normativa. Otro caso son los edificios existentes; ahí está el meollo, en transformarlos.

¿Se puede hacer algo en ese caso?

Se puede hacer y mucho, pero es difícil hablar en términos absolutos. Hay mucha gente que ve un edificio actual, coge el Código Técnico [de la Edificación] e intenta que llegue al máximo valor de la certificación energética. Eso es prácticamente inviable, pero sí que podemos ahorrar entre un 60% y un 80% de la energía que demandan los edificios de peor calidad.

Desde el GBCe luchan por transformar la industria para hacerla más sostenible pero, ¿está dispuesta la industria a cambiar?

Sí, sobre todo la de los materiales, que es la que más se está moviendo. Buscan llegar a ciclos productivos cerrados, a la economía circular. Muchas empresas están empezando a realizar ciclos de vida de sus productos. Son estudios muy costosos, muy complejos y además voluntarios. Y lo hacen porque apuestan por ello.

¿Lo hace todo el mundo? No. Siempre hay avanzadillas. Las inmobiliarias, las promotoras y las constructoras tienen más trabajo por delante, salvo algunas. Piensa también que la construcción en este país, salvo cuatro o cinco [empresas] grandes y que están fuera, son todas pequeñas y medianas. Ni se están formando ni modernizando. Solo están esperando a ver si pueden hacer alguna casa nueva.

Ciclos de vida, nuevos parámetros y sellos de calidad son conceptos que necesitan datos. ¿Cómo se gestiona este aumento de información en la construcción?

Las bases de datos son un gran problema, especialmente en los materiales. Estos tienen una información ambiental asociada muy importante; de energía embebida, de residuos, de agua… todo lo que incluye una Declaración Medioambiental de Producto. Esto es algo a lo que técnicas como BIM (Building Information Modelling) pueden contribuir gracias a la información asociada a las etiquetas de un elemento. Estoy segura que cuando lo veamos dentro de cinco años nos parecerá que lo hacíamos a plumilla

En las bases de datos actuales con información ambiental para edificios, que se han hecho desde lo teórico, es complicado hasta poner de acuerdo al mundo de los materiales para que digan: “esto son los impactos’”. Pero por ahí va el futuro, porque un tercio de la energía que gasta un edificio en todo su ciclo de vida puede venir de la fabricación de los materiales. Construir es una energía mínima comparada con su transformación.

Fuente:

MIT

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