Innovación

“Los obreros de la construcción quieren garantías de que sus datos se usarán para fines de salud y seguridad”

Foto: Uno de los investigadores del proyecto AT-BAN, Frédérich Bosché. Crédito: Cortesía del entrevistado.

El investigador de la Universidad Heriot-Watt Frédérich Bosché ha creado un sistema portable que monitoriza los movimientos de los trabajadores para hacerles recomendaciones de mejora.

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Por Jose Carlos Sánchez

Un obrero se agacha, coge un ladrillo, se levanta, lo coloca y se vuelve a agachar. Y así durante días y meses. Si lo hace de forma incorrecta o en exceso no solo puede poner en peligro su salud sino también reducir la eficiencia de la obra. Para mejorar el conocimiento sobre cómo los obreros desempeñan su trabajo y poder ofrecerles recomendaciones de mejora, un grupo de investigadores de la Universidad Heriot-Watt de Edimburgo (Reino Unido) comenzó a desarrollar hace cuatro años el sistema AT-BAN (siglas en inglés para Activity Tracking with Body Area Network, y que se traduciría como red de seguimiento de la actividad corporal). Se trata de un sistema de medición portable que monitoriza las actividades de cada trabajador.

AT-BAN combina diferentes sensores de movimiento, como giroscopios y acelerómetros, similares a los que utilizan las aplicaciones deportivas y de rastreo. Los sensores se instalan en unas pequeñas cajas que se adhieren al cuerpo de los trabajadores y que envía la información recogida a un ordenador de forma inalámbrica para que las procese. El resultado es un informe sobre el desempeño del trabajador: cuánto dobla la espalda, cuántas veces levanta el brazo por encima del hombro, cómo levanta peso, etcétera.

El proyecto, que acaba de ser premiado en la categoría de Innovación Digital por el Chartered Institute of Building y está financiado por el Construction Industry Training Board de Reino Unido y ya está siendo probado en escuelas de construcción. Sin embargo, el objetivo del equipo investigador es llegar a comercializarlo. Para el director del laboratorio de Ciberconstrucción de la Heriot-Watt e investigador involucrado Frédérich Bosché, el objetivo de AT-BAN es “la salud y la seguridad, sobre todo de los problemas músculo-esqueléticos de los trabajadores”.

¿Qué ventajas tienen los sensores inalámbricos de AT-BAN frente a las técnicas convencionales?

En países como Reino Unido solo hay datos dispersos sobre cómo se mueven y cómo les puede afectar en el corto y medio plazo. Y esta información se obtiene a través de observadores o autoevaluaciones. Las autoevaluaciones son demasiado aproximadas, y tampoco puedes poner un asesor detrás de cada trabajador. Usar sensores inalámbricos mejora esta situación y ofrece muchos más datos cuantitativos. Un observador profesional no da el dato exacto de cuánto doblas la espalda.

No es un problema nuevo y mucha gente ha investigado cómo solucionarlo, pero los sensores utilizados han resultado muy invasivos. Sirven para un estudio, pero no para utilizarlos directa y continuamente en un entorno de trabajo. Una red inalámbrica de sensores automáticos genera el potencial de ofrecer datos cuantitativos de muchos trabajadores a la vez para mejorar políticas o requisitos de seguridad.

¿Han obtenido ya algún resultado?

Lo hemos probado en una escuela, que no es un entorno real pero realizan actividades reales. El siguiente paso es hacerlo también en el exterior. Ya hemos hecho una prueba con uno de nuestros socios industriales. Y aunque fue positiva, necesitamos seguir desarrollando los sensores porque los entornos de construcción son duros, polvorientos y húmedos. Y el revestimiento de nuestros sensores no está preparado para eso todavía.

¿Se trataría entonces de una herramienta de formación?

No exclusivamente. La visión es lograr que los trabajadores tengan la posibilidad de monitorizar sus movimientos por ejemplo una vez a la semana o varias al mes y recibir una respuesta, saber cómo lo hacen, qué mejorar.

Existen dos grandes aplicaciones que debemos diferenciar. Una es la de recolectar grandes cantidades de datos, por ejemplo a nivel nacional, para poder lograr buenas estadísticas sobre la forma de trabajar y los riesgos laborales. La otra es que un trabajador pueda evaluar su trabajo directamente desde el móvil, como los corredores que monitorizan sus salidas.

De momento seguimos utilizando un portátil, pero recoger e incluso procesar esos datos desde el teléfono móvil sería bastante sencillo. Se trataría de una app profesional de salud laboral.

Foto: Representación esquemática de la transmisión de información mediante sensores en el proyecto AT-BAN.  Crédito: ICE Project.

Foto: Representación esquemática de la transmisión de información mediante sensores en el proyecto AT-BAN. Crédito: ICE Project.

Sin embargo, la precisión de esas apps y relojes inteligentes se pone cada vez más en duda.

Yo uso algunas apps deportivas y creo que sus sensores hacen algunas cosas bastante bien, aunque son más pequeños y no tan buenos como los que usamos nosotros. Una de las ventajas de nuestro sistema es que no tomamos decisiones basadas en un único sensor, sino en una serie de ellos. Es normal que estos sensores tengan variaciones, sobre todo en instantes puntuales, pero nosotros estudiamos movimientos que por lo general requieren un par de segundos o más para hacerse.

¿Cuál es el número de sensores adecuado?

Nuestra investigación empezó con cuatro, pero ya hemos llegado a probarlo con diez sensores. El sistema es fácilmente escalable a todos los sensores que se quiera. No significa que puedas medirlo todo, pero con diez sensores podemos hacerlo bastante bien. Todo depende del tipo de movimiento o medición que quieras realizar.

¿Tiene alguna estimación de su coste cuando se comercialice?

No tengo ningún número para dar, pero no veo por qué debería ser caro. Los sensores que usamos no lo son para nada. Los retos clave siguen siendo el entorno del trabajo y la manera de integrarlos en el equipo del trabajador. Porque tras utilizarse, el sudor del trabajador puede afectar a los sensores. Son desafíos más importantes que el coste en sí mismo.

Foto: Una de las pruebas de campo de los sensores.  Crédito: ICE Project.

Foto: Una de las pruebas de campo de los sensores. Crédito: ICE Project.

El destinatario final de AT-BAN sería el trabajador. ¿Lo han evaluado con ellos? ¿Qué les parece la idea de ‘sensorizarse’?

Siempre recibes el mismo tipo de reacciones cuando sugieres el uso de sensores que monitorizan de un modo u otro. Por un lado, lo apoyan mucho por salud y seguridad. Los trabajadores de la construcción son bastante conscientes de la importancia de la salud a largo plazo, de que su cuerpo puede fallar antes de su jubilación. Pero al mismo tiempo siempre nos hacen la misma pregunta sobre el Gran Hermano y el seguimiento de su productividad. Es normal y justo. Yo reaccionaría igual. Lo que quieren es tener garantías de que se usará para fines de salud y seguridad. Es una cuestión de confianza entre la organización y las personas.

Plantea incluso que sean los propios trabajadores quienes lo compren.

Creo que si el trabajador puede ir a la tienda y comprarlo, hay menos problema con la cuestión de la vigilancia. Puedes verlo de esta manera. Sería una decisión del trabajador y, en ese sentido, nadie podría, digamos, piratearlo. Pero si viene de una compañía, siempre existirá la posibilidad de que tenga una puerta trasera para ver qué está ocurriendo.

Fuente:

MIT

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