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La subida del nivel del mar eleva negocios y fomenta la innovación urbanística

Foto: Piet Dircke (a la izquierda) mira a través del canal Nieuwe Waterweg desde debajo de uno de los brazos gigantes del dique de barrera de tormenta Maeslantkering. Crédito: Russ Juskalian.

Los holandeses se han convertido en maestros de la gestión del agua, y sus proyectos de contención han dado la vuelta al negocio con ideas capaces de mejorar el día a día de sus ciudadanos.

Por Russ Juskalian (Traducido por Teresa Woods)

Piet Dircke se queda de pie sobre la acera que rodea el aeropuerto Schiphol de Ámsterdam (Holanda), señalado la primera planta del edificio. O, como precisa él, el nivel del mar. La pista, sobre la que circulan los aviones, debería encontrarse unos cuatro metros bajo el nivel del mar, explica. No lo está, debido a más de un siglo de trabajo de ingenieros holandeses, como Dircke, en una compleja red de diques, barreras marítimas y estaciones de bombeo.

La subida del nivel del mar provocada por el cambio climático ha reforzado la necesidad de llevar a cabo esos trabajos de ingeniería. Pero para el director de Gestión de Aguas de la consultoría de ingeniería holandesa Arcadis, existe un beneficio financiero: un auge global en la demanda de sus servicios. Por todo el planeta, las zonas costeras se están encontrando con un aumento del riesgo de quedarse sumergidos, y eso ha generado un aumento del negocio de aguas de Arcadis del 42% desde 2011, hasta alcanzar los 453 millones de euros (unos 515 millones de dólares).

Arcadis, bajo el liderazgo de Dircke, reforzó las defensas de Nueva Orleans (EEUU) después del hurracán Katrina, un proyecto que costó 200 millones de dólares (unos 178 millones de euros). Después de que la “supertormenta” Sandy azotara la costa este de Estados Unidos, Arcadis recibió alrededor de la mitad de los contratos para asegurar la protección de importantes infraestructuras neoyorquinas contra futuras tormentas. Desde Wuhan hasta São Paulo (Brasil) hasta Miami (EEUU), Dircke ha sido contratado una y otra vez en años recientes para ayudar a grandes ciudades a lidiar con un clima cambiante.

Estos riesgos incluyen tormentas más intensas, y mares que ya han subido unos 14 centímetros durante el último siglo. Aunque no todos se muestran  de acuerdo, muchos expertos señalan a Sandy como un ejemplo de cómo el cambio climático ya ha agravado las pérdidas económicas, que el en caso de esta tormenta superaron los 50.000 millones de dólares (unos 44.400 millones de euros). Un estudio publicado recientemente en la revista Nature calculó que para 2100, el deshielo de Antártida por si sólo podría elevar el nivel de los mares por otros 90 centímetros, amenazando las zonas costeras tan dispares como Bangladesh y el complejo de lanzamiento del Centro Espacial Kennedy.

Hoy, según Dircke, en Yakarta Septentrional “te puedes quedar en la carretera, pasar la mano por encima del muro de contención y tocar el océano”.

Las sequías y las inundaciones también van al alza, amenazando el suministro de agua potable. Después de que Wuhan (China), una ciudad ribereña de más de 10 millones de habitantes a cientos de kilómetros del mar, sufriera las peores lluvias torrenciales desde hace medio siglo durante el patrón climático del Niño del año pasado, la ciudad concedió a Arcadis el contrato principal para un proyecto para reducir las inundaciones, almacenar los excesos de agua para su uso posterior y reimaginar los espacios públicos de la ciudad. China tiene 15 proyectos similares ya en curso.

Aunque la gestión de aguas holandesa evoca una imagen de barreras masivas, durante una visita a la costa del país en compañía de Dircke, pude comprobar cómo gran parte de la magia queda fuera del alcance de la vista. En lugar de sólo ofrecer una protección contra inundaciones como único propósito, algo que tiende a demandarse sólo tras una catastrofe como Katrina, Arcadis diseña sistemas que sirven para más cosas además de controlar el agua. Al emparejar la gestión del agua con otros objetivos como la revitalización económica, la reducción del deterioro urbano y el incremento del uso de terrenos, estos proyectos se vuelven mucho más atractivos para las ciudades de lo que sería únicamente la construcción de diques y barreras.

Foto: Una pasarela pasa por encima del dique multiusos Katwijk, dejando el mar a mano derecha. Debajo de las dunas, hay una estructura subterránea de aparcamiento. Crédito: Russ Juskalian.

Foto: Una pasarela pasa por encima del dique multiusos Katwijk, dejando el mar a mano derecha. Debajo de las dunas, hay una estructura subterránea de aparcamiento. Crédito: Russ Juskalian.

Foto: La entrada al 'parking' subterráneo fue construida al lado de la barrera de protección. Crédito: Russ Juskalian.

Foto: La entrada al ‘parking’ subterráneo fue construida al lado de la barrera de protección. Crédito: Russ Juskalian.

Un buen ejemplo de este modelo es Katwijk, un humilde pueblo holandés cuyo paseo marítimo ha sido transformado por un dique invisible. Entre la playa y una explanada de austeras viviendas adosadas se encuentra una ondulante duna cubierta de vegetación, vías peatonales y dejes de modernidad con unas puertas arqueantes de cristal y césped que surgen de la arena.

Esas puertas conducen a los usuarios bajo tierra al diseño que Arcadis ayudó a desarrollar: un dique que no sólo protege a Katwijk y al país al que pertenece, sino también incluye un garaje de aparcamiento de 650 plazas que recorre el muro de contención. Este uso reduce la expansión en la superficie y proporciona un fácil acceso para los playeros. Un proyecto similar, a tan sólo 14 kilómetros en Scheveningen, está envolviendo su dique con un paseo marítimo de varios niveles, añadiendo valor comercial a una estructura construida principalmente como “un asunto de seguridad nacional”, en las palabras de Dircke.

Más allá de incorporar el control de inundaciones a los diseños con un propósito más amplio, Holanda sigue experimentando con nuevas maneras de gestionar las costas. Cerca de La Haya se encuentra el Motor de Arena, un proyecto experimental que en esencia incluye el vertido de toneladas de arena sobre un punto de la playa para dejar que el viento y el agua realicen el trabajo duro de distribuirla por toda la costa. Los primeros resultados indican que el método refuerza las protecciones naturales contra inundaciones durante hasta cuatro veces más tiempo que el tradicional dragado de arena subacuática para reforzar las playas.

Foto: Un brazo del dique de barrera de tormenta Maeslantkering, visto desde el otro lado de un canal de navegación que llega a Rotterdam. Crédito: Russ Juskalian.

Foto: Un brazo del dique de barrera de tormenta Maeslantkering, visto desde el otro lado de un canal de navegación que llega a Rotterdam. Crédito: Russ Juskalian.

Foto: La vista desde debajo del dique de barrera de tormenta Maeslantkering, una de las estructuras móviles más grandes hechas jamás por el hombre. Crédito: Russ Juskalian.

Foto: La vista desde debajo del dique de barrera de tormenta Maeslantkering, una de las estructuras móviles más grandes hechas jamás por el hombre. Crédito: Russ Juskalian.

Foto: Un buque de carga pasa entre los brazos abiertos del dique de barrera de tormenta Maeslantkering. Crédito: Russ Juskalian.

Foto: Un buque de carga pasa entre los brazos abiertos del dique de barrera de tormenta Maeslantkering. Crédito: Russ Juskalian.

Más al sur, en el delta que conecta Rotterdam con el Mar del Norte, visitamos algo más parecido al modelo clásico, aunque a gran escala: una de las mayores estructuras móviles del planeta, el dique de barrera de tormenta Maeslantkering. Sus dos brazos, cada uno de la misma longitud y aproximadamente el mismo peso que la Torre Eiffel, están diseñados para girar sobre su eje para abarcar el canal Nieuwe Waterweg de 360 metros de ancho. Esta estructura progete a Rotterdam y gran parte del país frente a fuertes tormentas que en su versión más extrema podrían producirse una vez cada 10.000 años. El diseño de la gigante barrera se vio complicado por el requisito de que las puertas tienen que pasar la mayor parte del tiempo abiertas para permitir el drenaje del agua dulce al mar, y que los barcos entren a Rotterdam, el puerto más concurrido de Europa.

Terminado en 1997, el dique Maeslantkering está programado para cerrarse no sólo en los casos más extremos, sino para cualquier marejada ciclónica, algo que sucede una vez cada 10 años. Pero su operación también se está viendo afectada por el cambio climático mientras sube el nivel del mar y unas tormentas más intensas han conducido a predicciones de que para 2050 la barrera probablemente tendrá que cerrarse con el doble de frecuencia.

Con unas proyecciones similares para el resto de las costas del planeta, “hay mucho trabajo para mí por allí”, afirma Dircke.

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