“Seguimos lanzando todas las preguntas al hormigón y nadie piensa en la madera”

Un rascacielos de 300 metros es el arma con la que el director del Centro de Innovación con Materiales Naturales de la Universidad de Cambridge, Michael Ramage, pretende divulgar las ventajas de este material.

 

Foto: La propuesta del rascacielos se integra dentro de una construcción anterior en Londres, el complejo de edificios residenciales conocido como Barbican State. Crédito: PLP/Architecture.

Foto: La propuesta del rascacielos se integra dentro de una construcción anterior en Londres, el complejo de edificios residenciales conocido como Barbican State. Crédito: PLP/Architecture.

Por Jose Carlos Sánchez

Durante más de 40 años, el icónico edificio Empire State Building no solo fue el edificio más alto del mundo sino también el símbolo de la era del hormigón y el cristal que ha dominado la construcción del siglo XX. Pero en el siglo XXI, el reinado de este material puede estar a punto de llegar a su fin a causa de otro que controló las estructuras mucho más tiempo atrás: la madera. Así lo demuestra el prototipo de la torre Oakwood, una propuesta de rascacielos de 300 metros de altura que estaría construido principalmente a base de 65.000 metros cúbicos de madera.

El diseño planteado, un edificio de 80 plantas, es el resultado de un proyecto liderado por el director del Centro de Innovación con Materiales Naturales de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), Michael Ramage, en colaboración con el estudio PLP/Architecture y la consultora de ingeniería Smith y Wallwork para el diseño y conceptualización de grandes edificios de madera. Pero su objetivo no es que llegue a construirse tal cual, sino demostrar el potencial de la madera para la construcción contemporánea. Ramage explica: “Es más fácil pasar de un edificio de 80 plantas a uno de 30, que de uno de 10 a uno de 30”.

La torre Oakwood es solo el primero de otros diseños pensados para otras ciudades. El equipo pretende, a partir de la simulación y la construcción a escala de algunas piezas como las conexiones entre elementos, recopilar datos y mediciones para acelerar las investigaciones sobre grandes estructuras de madera. Pero, ¿se construirá finalmente? Ramage no lo sabe, pero lo que sí tiene claro es que si algún día llega a ponerse en pie, “aguantará”.

Hasta la fecha no se ha construido ningún edificio de madera tan alto como el que se propone. ¿Cuáles son sus principales desafíos?

Hay varios. El principal es lidiar con el viento en las partes más altas, asegurarse de que el edificio no se balancee demasiado. Hasta el momento, según nuestra investigación, creemos que esto es posible. A partir del análisis de las conexiones, seremos capaces de tener más perspectivas. Otros trabajos anteriores [en el grupo de investigación], demuestran que las conexiones cumplen los estándares en movimientos a pequeña escala, pero eso es algo que necesitamos comprender mejor.

Otro de los principales riesgos es el fuego. Aún no se comprende muy bien cómo se comportaría una estructura masiva de madera como esta ante el fuego. Estamos colaborando con expertos en ingeniería de protección contra incendios, tanto de Reino Unido como del resto del mundo, para encontrar maneras de mejorar esta cuestión.

Foto: El director del Centro de Innovación para Materiales Naturales Michael Ramage. Crédito: Cortesía del entrevistado.

Foto: El director del Centro de Innovación para Materiales Naturales Michael Ramage. Crédito: Cortesía del entrevistado.

¿Y las ventajas?

Hay una gran ventaja desde el punto de vista de la construcción. Como la madera pesa mucho menos, necesitas menos tráfico pesado para transportar el material. Si construir una planta necesita cinco camiones de hormigón, para lo mismo solo se necesita uno de madera. Además, la construcción con madera es por lo general mucho más silenciosa, rápida y relativamente limpia. Las piezas se prefabrican en fábricas externas y únicamente hay que montarlas. Diseñar las piezas en entornos controlados también permite que el edificio quede bastante sellado, una ventaja importante para la calefacción y la refrigeración.

Es cierto que si comparas un metro cúbico de hormigón con uno de madera, el hormigón siempre es, con diferencia, más barato. Sin embargo, un menor tiempo de construcción, menos vehículos y menos grúas terminan por ser más relevantes para reducir el coste que el material en sí mismo.

También existe una ventaja potencial para una arquitectura más creativa. Todavía no sabemos cómo construir con madera y sus nuevos materiales. Usamos tableros contralaminados multicapa como losas de hormigón, y la madera laminada encolada la usamos muchísimo como vigas de acero. Es normal. Cuando desarrollas nuevos materiales, los utilizas del mismo modo que los anteriores hasta que los comprendes lo suficiente como para innovar con ellos. Sin olvidar que a la gente le gusta la madera.

También se habla mucho de la sostenibilidad.

El argumento de la sostenibilidad depende muchísimo de a quien escuches. El hormigón es el material más sostenible si eres la industria del hormigón, el acero si eres la del acero. Lo mismo con la madera. Pero la madera es el único material que crece y que se puede cultivar. Técnicamente es renovable. El tipo de madera que usamos se obtiene en bosques cultivados que crecen más rápido que se talan. Es un suministro renovable, previsto para la construcción de edificios porque crece con rapidez.

¿Podría hablarse entonces de una mejora energética?

Necesitamos encontrar otros materiales más allá del hormigón y el acero. La mayor parte de la energía que consume la madera es durante su secado. Podemos reducir esa energía, lograr que el proceso sea más eficiente. A diferencia del hormigón y el acero, la industria maderera no ha optimizado tanto su eficiencia por lo que todavía queda espacio para mejorar los procesos.

En cuanto al carbono, es cierto que la madera es un gran sumidero, pero en comparación con las emisiones de un país industrial la cantidad almacenada por un edificio es pequeña. Es positivo, pero no determinante.

Foto: Aunque se trata de una propuesta teórica, el equipo desarrollador pretende mostrar cómo sería su impacto real en la ciudad. Crédito: PLP/Architecture.

Foto: Aunque se trata de una propuesta teórica, el equipo desarrollador pretende mostrar cómo sería su impacto real en la ciudad. Crédito: PLP/Architecture.

Entonces comparte la visión de lo que hay quien llama el siglo de la madera.

Me gustaría. Soy optimista al respecto. El hormigón y el acero siguen siendo los principales materiales para construcción. La madera está claramente infrautilizada. Me gustaría pensar que eso va a cambiar. Seguimos lanzando todas las preguntas al hormigón, y nadie está preguntando a la madera qué es capaz de hacer. Pero si lo hacemos veremos que la madera ofrece mucho más de lo que para la usamos actualmente. En el pasado se utilizaba de muchas maneras. Hay que pensar cómo adaptarla a la construcción contemporánea. Mucha gente opina que no tiene el mismo aguante que el hormigón, pero si la tratas bien aguantará. También el hormigón terminará por agrietarse y colapsar si no lo cuidas.

La mayor parte de la innovación en construcción parece venir de la industria y la investigación en materiales. ¿A qué cree qué se debe?

En mi opinión hay dos razones. Una es que la industria de la construcción es increíblemente conservadora. Si pudiéramos volver atrás en el tiempo, coger a un obrero medieval y traerlo hasta el presente para llevarlo a una obra, casi la única cosa que no reconocería sería el motor. Todo lo demás le sería muy familiar. A diferencia de industrias como la farmacéutica, la construcción apenas invierte en I+D. La medicina ha experimentado cambios increíbles desde la Edad Media hasta hoy, pero la construcción es más o menos lo mismo. Pero la academia tiene la obligación y el deber de investigar. Algo a lo que se suman unos incentivos más claros para la industria de los materiales, que siempre busca nuevas formas de explotar sus productos.

Fuente:

MIT

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