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China sigue sin abrir el grifo del agua desalinizada mientras la dulce se le agota

Foto: China se encuentra muy lejos de cumplir con sus objetivos de producción de agua desalinizada al día. Crédito: Johannes Eisele (Getty Images).

Hay proyectos paralizados, plantas con rendimientos inferiores a los planificados y el interés de los gobiernos locales disminuye cuando aumentan las lluvias, pero la demanda hídrica sigue aumentando.

 

Por Yiting Sunr (Traducido por Teresa Woods)

La planta de desalación de aguas marinas que podría proporcionar hasta la tercera parte del agua consumida por las viviendas de Pekín (China) se encuentra a unos 200 kilómetros al sudeste de la seca capital china. En 2014, los medios de comunicación nacionales informaron de que la instalación, que se ubicará a orillas de la Bahía de Bohai, se terminaría de construir para 2019, y contribuirá a generar las tres millones de toneladas de agua dulce diarias desalinizadas de las que China quiere disponer para 2020.

Desde entonces, la planificación de la planta se ha visto envuelta por la incertidumbre: ha sido aprobada por la agencia provincial de desarrollo y calificada como uno de los proyectos más importantes de la iniciativa china para construir una supercapacidad en los alrededores de Pekín. Pero aún no se sabe cuándo empezará su construcción.

Después de un auge inicial, entre 2006 y 2010, la capacidad de desalinización del país aumentó en casi un 70% cada año, según estadísticas gubernamentales. Aunque China no llegó a su objetivo de producir entre 2,2 y 2,6 millones de toneladas de agua desalinizada diarias para 2015. En diciembre del año pasado, la capacidad instalada total era de 1,03 millones de toneladas diarias, según la Asociación de Desalinización de China.

China se beneficiaría mucho de disponer de mayores recursos de agua dulce. Las estadísticas gubernamentales demuestran que para 2030, la escasez de agua en las zonas costeras de China alcanzará los 21.400 millones de metros cúbicos, a pesar de los esfuerzos de conversión del agua y del masivo Proyecto de Diversión de Aguas Sur-Norte. Esta iniciativa bombea 25.000 millones de metros cúbicos de agua al año desde el río Yangtze al sudeste de China hasta la llanura del norte de China mediante dos rutas de más de 1.000 kilómetros cada una. De las 669 ciudades más grandes de China, al menos 400 ya sufren de escasez de agua. Asegurar el suministro de agua también es una cuestión económica, dado que el 93% de la generación energética en China depende del agua, según China Water Risk.

Pero hay muchos retos que superar para conseguir el objetivo chino de aumentar su capacidad de desalinización. Debido a su gran gasto energético, este proceso es caro, sobre todo para la mayoría de los chinos que pagan menos 45 céntimos de euros por tonelada de agua de grifo. El precio medio del agua desalinizada en China es de entre unos 68 céntimos y 1,10 euros por tonelada. Esto significa que el agua representa una dura proposición comercial para las autoridades hídricas chinas, y los gobiernos locales a menudo se muestran reacios a comprometerse a construir plantas de desalinización.

“Cuando hay sequía, las autoridades y empresas locales acuden a nosotros y nos dicen: ‘Queremos desalinizar aguas marinas'”, señala el director del Laboratorio Clave de Ciencias de Membranas y Tecnologías de Desalinización de la Universidad de Tianjín (China), Wang Zhi. “Pero si llueve lo suficiente al año siguiente, abandonan la idea e invierten su dinero en otras cosas“, añade.

De hecho, la demanda de desalinización de agua marina aumenta y decae a medida que los niveles de aguas superficiales y subterráneas varían de año en año, lo que paraliza los futuros proyectos. Existen desajustes entre el suministro y la demanda para plantas existentes también. La fase piloto de la planta propuesta para Pekín genera entre 3.000 y 5.000 toneladas de agua dulce al día con un generador local a carbón, aunque fue diseñada para generar 50.000 toneladas diarias.

“El rápido desarrollo de la industria de desalinización de aguas marinas en China no se producirá a no ser que la mayoría del agua producida pueda incorporarse al suministro municipal de agua, pero ese no es el caso actual”, explica el ingeniero de la división de desalinización de aguas marinas en Shanghai Electric Fan Zhifeng.

En un esfuerzo por priorizar los ya menguantes recursos de agua dulce, el Gobierno chino lanzó una nueva política hace unos años: las instalaciones industriales de alto consumo de agua en zonas costeras no podrán extraer aguas superficiales locales y están obligadas a generar su propio suministro. Como resultado, más del 60% del agua desalinizada producida en China se destina al uso industrial, a menudo en forma de plantas individuales para generadores o refinerías petrolíferas por toda la costa este del país.

Al norte de China, el Proyecto de Diversión de Aguas Sur-Norte ha logrado que la desalinización parezca menos urgente. Algunos científicos y autoridades del país han cuestionado la sostenibilidad del proyecto desde que ha obligado a cientos de miles de personas a trasladarse. También ha generado inquietudes medioambientales como la destrucción de la ecología de los ríos sureños. Elegir entre la desalinización y el desvío de aguas es complicado, ya que “la desalinización ha de ser diseñada a su vez para minimizar el impacto negativo sobre la vida marina” al diluir y dispersar el agua marina concentrada devuelta al mar después de extraer el agua dulce, explica el director del Centro para Aguas Limpias y Energías Limpias del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, EEUU), John Lienhard.

Al percibir que la desalinización representa una industria impulsada por la tecnología, China ha hecho un llamamiento para al menos un 70% de innovación nacional en los equipos de desalinización. Aún queda mucho. Según un documento gubernamental publicado en 2012, de las 756 patentes relacionadas con la desalación, registradas en China, sólo el 15% eran de propiedad intelectual china.

Los científicos chinos afirman que primero emplean equipos del extranjero y después realizan sus propias investigaciones para ponerse al día. El director adjunto del laboratorio de desalinización de la Universidad de Tianjín, Xie Lixin, explica: “Importamos la primera fase, y después lo desarrollamos nosotros”. Su equipo realiza investigaciones sobre casi todas las tecnologías desalación importantes, incluidas la destilación  y la recuperación de energías.

Para las empresas extranjeras con las miras puestas en el potencial de China como mercado de desalinización, esto significa que no todo el campo es orégano. Ubicada a las afueras de Tianjín, la Planta Energética y de Desalinización de Pekín es la instalación de desalinización más grande de China. Fue diseñada por Israel Desalination Enterprises, también conocida como IDE Technologies. Muchas empresas chinas acuden a la planta para intentar imitar el diseño, según el director general de la sede de IDE Technologies en China, Wang Shuangcheng. “Es un gran mercado, así que piensan, ‘¿por qué debería ser dominado por unas pocas empresas extranjeras?'”

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