Una nueva ciudad para una nueva movilidad
SOSTENIBILIDAD HARVARD BUSINESS REVIEW

Una nueva ciudad para una nueva movilidad

Por Shannon Bouton, Eric Hannon, Stefan M. Knupfer (Traducido por Patricia R. Guevara)

 

Solo han hecho falta unos pocos años para que los servicios de transporte de pasajeros como Uber hayan hecho los traslados urbanos más cómodos en muchas ciudades y para deleite de los ciudadanos de todo el mundo. A medida que la innovación nos trae vehículos autónomos, vehículos eléctricos, conectividad de datos desde el vehículo, mecanismos para compartir trayectos y vehículos así como otras tecnologías al alcance de cada vez más personas, moverse por las ciudades será más fácil, rápido y seguro.

Estas mejoras podrían ayudar a reducir los costes provocados por la congestión del tráfico (alrededor del 1 % del PIB a nivel mundial), los accidentes de tráfico (1,25 millones de muertes en 2015 en el mundo) y la contaminación del aire (la cual provoca problemas de salud como enfermedades respiratorias). McKinsey y Bloomberg New Energy Finance han estimado que, al menos en 50 áreas metropolitanas de todo el mundo, una transición rápida hacia sistemas de movilidad más avanzados podría traducirse en 600 mil millones de dólares (unos 502 millones de euros) de beneficios sociales hasta 2030.

Sin embargo, este cambio hacia la nueva generación de la movilidad no será tan fácil para las ciudades. No se puede prever ni con qué rapidez se avanzará ni cómo será la transición final.

Por ejemplo, varias investigaciones han demostrado que cuantas más personas usan el transporte privado compartido -como las aplicaciones de vehículo compartido y otras de transporte de viajeros- más probable es que también utilicen el transporte público. Pero si demasiados ciudadanos empiezan a depender de los vehículos privados para desplazarse, incluso los compartidos con otras personas, el tráfico podría empeorar a la vez que el transporte público vería desaparecer los ingresos que necesita para sufragar su mantenimiento y mejoras.

La complejidad de estas dinámicas pone a las gobiernos y autoridades municipales en un aprieto. En algunas ciudades, sus responsables han optado por sentarse a esperar y observar, por estudiar las tendencias actuales en movilidad y preparar políticas de respuesta a medidas que sea necesario y las tendencias evolucionen. Este enfoque tiene mérito, sobre todo si se piensa en lo difícil que es predecir el comportamiento de las empresas de transporte tradicional, los servicios de movilidad avanzados y los propios residentes.

No obstante, los funcionarios podrían hacer algo mejor para prever lo que se puede esperar de la movilidad de cinco a quince años en adelante y plantear las políticas adecuadas para lograr que ese futuro llegue antes de lo que lo haría. Un movimiento de este tipo permitiría a los reguladores desempeñar un rol más proactivo a la hora de definir el aspecto de la movilidad del futuro. Para ello, los funcionarios y políticos que deseen maximizar los beneficios de la movilidad avanzada pueden pensar en varias estrategias básicas.

Una movilidad adaptada a cada tipo de ciudad

Una es cómo adaptar los nuevos enfoques de movilidad al contexto y retos específicos de una ciudad o región particular. Por ejemplo, es probable que las ciudades densamente pobladas de las economías en desarrollo, como Delhi (India), Estambul (Turquía) y Bombay (India), se beneficien de la expansión de sus sistemas de transporte público a la vez que los complementan con nuevos servicios de pasajeros basados en vehículos eléctricos. Nuestro análisis sugiere que una ciudad en desarrollo, densa y de tamaño medio podría lograr 600 millones de dólares (502 millones de euros) en beneficios sociales anuales para 2030 gracias a los avances en movilidad. Cuatro quintos de estos beneficios provendrían de una reducción en los accidentes de tráfico, las lesiones y las muertes; un verdadero beneficio para las personas en estas áreas en tensión y de rápido crecimiento.

Mientras tanto, las zonas urbanas con mayor nivel de ingresos pueden dar un paso más allá de este modelo y desarrollar un sistema de movilidad verdaderamente integrado en el que se combine el transporte público, el coche compartido, los vehículos autónomos, las infraestructuras inteligentes y otros aspectos. Una forma de acelerar la integración de los sistemas de movilidad es ofrecer un servicio basado en aplicaciones para la planificación y el pago de viajes en los diferentes medios de transporte local. En ciudades desarrolladas como Londres (Reino Unidos), Shanghái (China), Singapur (Singapur) y similares, un modelo de "movilidad sin costuras" podría generar beneficios sociales de hasta 2.500 millones de dólares (unos 2.000 millones de euros) por año para 2030. Por último, es probable que las zonas de expansión urbana, protagonistas del crecimiento de las ciudades y donde los automóviles siguen siendo casi imprescindibles, vean grandes mejoras con el uso generalizado de los vehículos autónomos.

A medida que las ciudades se expanden, los funcionarios municipales también deben considerar qué hacen con el suelo y las carreteras según las personas y los vehículos desarrollan nuevos patrones de comportamiento. Si el flujo de personas que se suben y bajan de los vehículos compartidos es cada vez mayor, también podrían aumentar los atascos. Designar áreas reservadas para la recogida y bajada de pasajeros podría ayudar a facilitar la fluidez del tráfico. Estas zonas, así como otros usos más valiosos del suelo urbano, podrían encontrar su hueco entre las plazas de aparcamiento, que serán cada vez menos a medida que el uso de los vehículos se vuelva más eficiente.

Las ciudades también pueden investigar otras posibilidades para mejorar el acceso al transporte y asegurarse de que todos sus habitantes se beneficien de los avances en movilidad. Casi todas las ciudades tienen distritos o barrios mal comunicados por transporte público; también partes de su población, como los ancianos, que tienen dificultades para usar los autobuses y los trenes. Proporcionar un acceso a bajo coste y bajo demanda a una variedad cada vez mayor de vehículos podría mejorar la accesibilidad de estos grupos además de permitir a las ciudades suprimir las rutas de transporte público poco utilizadas.

Los avances en movilidad tendrán importantes implicaciones para las ciudades de todo el mundo. Aquellas que dispongan de una ventaja en el desarrollo de planes integrados de movilidad estarán mejor posicionadas para recoger los beneficios que las nuevas tecnologías traerán a sus residentes.

Consulte el artículo original 'Una nueva ciudad para una nueva movilidad' de

 

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