Pequeños sensores para controlar la salud de las grandes obras
INNOVACIÓN

Pequeños sensores para controlar la salud de las grandes obras

No es lo mismo conectar y monitorizar una vivienda que un puente o un viaducto. Las grandes infraestructuras son menos dinámicas, pero medirlas mejora su mantenimiento y sus posibles uso.

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Por Jose Carlos Sánchez

Cada vez se habla más de los edificios inteligentes, estructuras que monitorizan parámetros como la temperatura y la iluminación para mejorar su eficiencia y habitabilidad. Esto es posible porque cada vez hay más tipos de sensores capaces de recoger más datos y también más herramientas para extraer información útil de ellos. Sin embargo, no es lo mismo dotar de ‘inteligencia’ a un hogar mediante sencillos dispositivos como Nest, que medir, procesar y operar con toda la información que genera un viaducto o un túnel. No es lo mismo saber a qué temperatura está a una habitación que la presión del agua sobre una presa y la inclinación de un edificio.

“La diferencia fundamental es cómo de fácil es capturar esos datos, si necesitas hacer un gran esfuerzo o es algo que viene ya dado”, explica el especialista en análisis de datos y Chief Data Scientist del Instituto de Ingeniería del Conocimiento Álvaro Barbero. El experto pone como ejemplo las empresas tecnológicas, como Facebook, que producen datos de manera natural, frente al “caso de las infraestructuras, en las que necesitas añadir sensores para capturar la información”.

Pero además de captar los datos de una construcción, también es necesario disponer de “métodos de análisis para darles algún sentido, una interpretación útil”, añade Barbero. Sin un correcto análisis, tener una infinidad de datos no sirve de nada. Esta es la situación actual, por ejemplo, de las plataformas petrolíferas, en las que menos del 1% de los datos generados por 30.000 sensores se utiliza actualmente para tomar decisiones, según un estudio de McKinsey Global Institute.

Una correcta interpretación de la información, ya sea en una plataforma petrolífera, en una presa o un puente, abriría un amplio abanico de posibilidades: desde optimizar sus usos hasta mejorar la detección y corrección de fallos estructurales. Pero la mayor parte de los datos recogidos no se usan y los que se usan no se explotan al máximo. El caso petrolífero aporta un ejemplo ilustrativo de lo que el informe considera un potencial por desbloquear, sobre todo en industrias como la construcción, donde la especificidad de cada entorno de trabajo provoca que sea una de las más lentas en adoptar el internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés).

Medir sin cables

Uno de los grandes obstáculos para la incorporación de sensores en cada esquina es que dependen de la corriente para funcionar. Están obligados a enchufarse a la red o incorporar baterías que, antes o después, se agotarán. Para superar este reto, el responsable de Farsens e Innovador Menor de 35 España 2015 de MIT Technology Review en español, Daniel Pardo, ha logrado convertir diferentes tipos de sensores en versiones inalámbricas y sin batería gracias a la identificación de señales por radiofrecuencia.

Su idea es “sembrarlos” por estructuras y edificios, incluso dentro de materiales como hormigón, y luego “despertarlos” cada vez que se quieran leer sus datos, por lo que el sensor solo funcionaría específicamente cuando se quiera hacer uso de él. Aunque no monitorizan en tiempo real, Pardo asegura que ya están probándolos en proyectos piloto para monitorizar la inclinación de los edificios frente a posibles terremotos o la supervisión de torres eólicas, donde además experimentan con drones para leerlos.

Muchos de estos ‘grandes proyectos’ como las obras lineales (carreteras, túneles) ya suelen monitorizarse y supervisarse durante la fase de construcción, por ejemplo para evitar derrumbes. Pero una vez finalizan las obras, su largo ciclo de vida así como la lentitud con que se deterioran desalientan la incorporación de sensores para su mantenimiento. Más factible es el caso de maquinaria e infraestructuras como depuradoras y plantas de residuos, donde el IoT está potenciando el llamado mantenimiento condicional. Si hoy una reparación se rige por el principio de acción-reacción, bajo el cual algo no se arregla hasta que se rompe, conectar la infraestructura permitiría anticiparse a la rotura de una pieza para su sustitución. También sensorizar los vehículos utilizados durante una obra podría ofrecer respuesta a por qué dos vehículos iguales con la misma función consumen diferente combustible.

Monitorizar lo crítico

Pero, ¿tiene sentido monitorizar infraestructuras cuyas medidas solo se recogerán cada cinco años o diez años? El responsable de la estrategia de mercado y negocio de productos para los edificios y ciudades inteligentes de Tecnalia, Mikel Barrado, opina que la oportunidad reside en las construcciones más críticas, aquellas donde las consecuencias de un terremoto o inundación puedan provocar su cierre y un gran impacto.

Al final se trata de encontrar la mejor combinación de tecnologías para el uso deseado. Pese a las peculiaridades de las infraestructuras, Barrado cree que la tendencia será conectarlas cada vez más como ya está pasando con los hogares y la edificación. Según el experto de Tecnalia, una posibilidad es cambiar los sistemas de aquellas en las que ya se monitorice información por grupos de sensores menos precisos pero más baratos. El resultado de sus mediciones se compensaría por el número involucrado, una suerte de inteligencia colectiva.

Por el momento la palabra “piloto” resuena con fuerza cuando se habla de estos avances. Wearables para los trabajadores y elementos de trabajo conectados son otra de las puertas de entrada del mundo IoT y la analítica al sector de la construcción y las infraestructuras. Sin olvidar los retos que para la seguridad ofrecerá una ciudad conectada. La investigación sigue. Quizá un puente, túnel o viaducto no se comunique cada día. Tampoco se necesita, pero lo que se busca es que cuando lo haga sea con acierto.

Fuente:

MIT

MIT Technology Review en español es la edición en castellano de MIT Technology Review, una revista publicada por Technology Review Inc., compañía independiente de medios de comunicación propiedad del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Fundada en 1899, es la revista sobre tecnología más antigua del mundo y la autoridad global en el futuro de la tecnología en internet, telecomunicaciones, energía, informática, materiales, biomedicina y negocios
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