El futuro de la construcción no son las casas en serie sino los catálogos compartidos de elementos
INNOVACIÓN

El futuro de la construcción no son las casas en serie sino los catálogos compartidos de elementos

La prefabricación de objetos puede reducir alrededor de un 50% los riesgos, los materiales empleados y el tiempo frente a la construcción tradicional

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Foto: Construcción de un puente mediante el empleo de cajones prefabricados de hormigón. Crédito: ANDECE.

Por José Carlos Sánchez

El arquitecto Le Corbusier, inspirado por las ventajas de la fabricación en serie de avionetas y automóviles, escribió en 1921: “Será preciso que las casas surjan de un bloque, fabricadas en taller con máquinas-herramienta, montadas como Ford ensambla las piezas de su automóvil sobre sus cintas transportadoras”. Casi un siglo después, la industrialización imaginada por Le Corbusier sigue siendo un concepto de actualidad, aunque ha evolucionado hacia algo más complejo que la simple idea de una fábrica de casas en serie. A día de hoy, la construcción industrializada tiene más que ver con la generación de catálogos compartidos para la prefabricación de determinados elementos que con una producción masiva de viviendas o edificios idénticos.

Las dovelas de los túneles y las traviesas de ferrocarril son solo dos los ejemplos de las estructuras que el sector ya ha logrado prefabricar, o “industrializar”, como el director técnico de la Asociación Nacional de la Industria del Prefabricado de Hormigón, Alejandro López, prefiere denominarlo. Para este experto, la obra civil es el espacio natural del prefabricado hoy en día, “donde sus ventajas están más reconocidas y asentadas”.

Estas ventajas y no tanto las que imaginaba Le Corbusier, hacen referencia a la capacidad de control que ofrece la producción en una planta frente a la tradicional, realizada en el espacio de la obra. Para él, las grandes magnitudes de la obra civil se prestan mejor al uso de estos elementos “de fábrica”. Controlar los plazos y lograr mejores piezas con mayor durabilidad repercute no sólo en la sostenibilidad del proyecto sino también en su coste. El cual quizá no siempre vaya a ser en principio menor, pero sí lo sería si se tiene en cuenta todo el ciclo de vida del edificio o estructura.

Para confirmar estas ventajas, un estudio del Instituto Regional de Seguridad y Salud en el Trabajo de la Comunidad de Madrid (España) y la Fundación Agustín de Betancourt de 2013 compara la construcción de un muro de contención con elementos prefabricados y frente a otro construido de modo tradicional. Según sus resultados, el primero supuso una reducción de los riesgos laborales del 49,8%, del volumen de hormigón utilizado en un 53% y del tiempo empleado en un 50%. No obstante, el propio informe indica que “resulta difícil la aplicación de un criterio general para la comparación económica real de una unidad de obra in situ frente a la solución prefabricada”.

Pero no sólo los elementos únicos como vigas y cerramientos se pueden elaborar en una fábrica y trasladar a la obra para su montaje. También módulos enteros que, al combinarse forman un edificio. Se trata de la construcción modular y representa una de las ramas de la industrialización que cada vez se utiliza más en edificios públicos como colegios y hospitales. Según López, este es “el único segmento” en el que han detectado un aumento en el número de empresas.

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Foto: Los paneles de hormigón traslucido de la fachada de la Universidad de Aachen en Alemania han sido prefabricados. Crédito: ANDECE.

Para el experto, la construcción modular “aúna todas las ventajas de la prefabricación”. López explica: “Sería algo así como la evolución natural, de componentes más sencillos que se ensamblan a un todo industrializado y de fábrica”. Gracias a estas ventajas, espera “que el mercado la vaya incorporando a base de ver otros ejemplos que funcionan”.

Casas recién salidas de la impresora

Pero, ¿y si la construcción no se fabricara sino que se imprimiera? El experto admite que la impresión 3D le parece una tecnología muy interesante, aunque con reservas: “Si me preguntas por una construcción a gran escala de la que ya hemos visto algún ejemplo, somos un poco escépticos de que [la impresión 3D] vaya a lograr construcciones que suplan o que sean mejores que las que tenemos hoy en día”. En su opinión, “todavía queda mucho recorrido por delante”.

Para la directora del Laboratorio de Fabricación Digital de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, Almudena Ribot, la clave está en la escala. La arquitecta explica que la impresión 3D “tiene mucho futuro” y avanza con rapidez, pero se está haciendo siempre a tamaño y nivel de prototipos. “La industrialización llegará más por la compatibilidad, por la estandarización de los elementos de la construcción, donde la impresión 3D será una especialidad”, detalla.

¿Se ha sobredimensionado entonces la capacidad de esta tecnología? “El gran avance será en los materiales. Cuando los materiales avancen, la impresión 3D ya estará inventada porque al final no es más que un puente grúa”, apunta Ribot.

Pero si hay algo en lo que todos coinciden es en la necesidad de un cambio de mentalidad sobre la idea que se tiene de lo “prefabricado” y lo “industrial”, que se asocia a poca calidad y falta de originalidad. Para Ribot “es evidente que la industrialización es el futuro de la construcción”, y niega que sean los arquitectos los que estén impidiendo su expansión. La experta destaca el interés de las nuevas generaciones de profesionales por aplicar este tipo de soluciones a los nuevos proyectos. Por su parte, el catedrático de Materiales por la Universidad Politécnica de Madrid Jaime Gálvez concluye: “En el mundo de la construcción vamos cada vez más hacia soluciones industrializadas, eso es así”.

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